LA DESCENDENCIA. Por Daniel Medina.

31 Oct 2017 51
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Ilustración, by Víctor Pozzi.

LA DESCENDENCIA


La puerta está abierta; el cartel que anuncia “cuidado con el perro”, en el suelo. Hombre y mujer se miran, inspeccionan el jardín hacia la cucha gigante del perro y notan que no está.

- Si ese animal le hizo algo a nuestro bebé no te lo voy a perdonar nunca- dice ella.  

- Dejamos a la niñera, Carlitos tiene que estar bien- dice el hombre.

Están de espaldas, ambos, pero casi cualquiera puede adivinar la ira y la angustia en sus rostros.

Caminan con lentitud hacia la puerta, como para postergar la noticia. Lo primero que ven en el suelo de la casa es un enorme charco de sangre. La mujer se agarra al brazo del hombre para no caer.

-Te dije que no trajeras un rottweiler- dice ella.

El hombre se queda sin palabras.

En el living, sobre el sofá, hay una mano de adulto. Así, sola. Una mano. A metros, yace la niñera. La mujer se tapa la boca, cuando la ve, para no gritar.

Recién entonces apresuran el paso hacia la habitación del bebé, al final del pasillo, gritando Carlitos, Carlitos, Carlitos. El grito de la mujer lo paraliza todo cuando abre la puerta: primero ve sangre por todas partes, luego al lado de un sonajero y un juguete, una cabeza de rotweiller. En el piso, el niño mastica, plácido, la pata del perro.

-Te dije que iba a estar bien- dice el hombre.

- ¿No sentís orgullo? – dice la mujer alzando al bebé – algo hicimos.




Texto por Daniel Medina.

Ilustracion, Víctor Pozzi.


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