Poliamor: amores diversos, únicos e irrepetibles

Reseña del libro publicado por la revista Anfibia. “Poliamor es uno de esos libros que cuando uno lee la primera página es imposible no meterse de lleno en ese universo de amores”, dice la autora de la reseña.

30 Sep 2019
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Por Anahí Magdalena Salva

Poliamor es el primer número en papel de la revista Anfibia, publicado en 2018 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El libro contiene 179 páginas y está organizado en quince capítulos: cada uno de estos contiene una crónica escrita por diferentes autores: Mariana Enríquez, Carlos Manuel Álvarez, Sonia Budassi, Álvaro Bisama, Alejandro Modarelli, Gabby de Cicco, Alejandra Costamagna, Erika Halvorsen, Gabriela Wiener, María Sonia Cristoff, Nacha Vollenweider, Enzo Maqueira, Margarita García Robayo, Alan Pauls y Cristian Alarcón. Las palabras se entretejen con ilustraciones personales y así forman un todo excepcional.

Poliamor de Revista Anfibia se presenta en Salta el jueves 3 de octubre a las 21.30 en Café del Tiempo (Balcarce 901), en el marco del encuentro de crónica La Tibia Garra Testimonial.

En sus páginas se encuentran diversas historias de amor, en donde ese “yo” que se cuenta vive sus amores en el exterior y esto provoca que se sienta a veces “un extranjero” en su propio cuerpo. Asimismo, las crónicas se cuentan en un juego de vaivén entre pasado y presente. El recuerdo de un poema, un amor de juventud, los vagones de un tren de madera inglesa y el mar son algunos de los hilos conductores que entrelazan el recuerdo de un antes y un después.

La lectura del libro no sigue necesariamente un orden lineal, sino que cada una de las crónicas puede leerse de manera independiente. En cada historia aparece recurrencias que dejan entrever otros sentimientos y experiencias compartidos, aparte del amor, como la nostalgia, el deseo, la falta de comunicación, la soledad, el suicidio y los recuerdos claros o borrosos a causa del tiempo.

“Poliamor” es uno de esos libros que cuando uno lee la primera página es imposible no meterse de lleno en ese universo de amores. Desde el primer capítulo titulado El final “La canción de la torre más alta”, Mariana Enríquez nos sumerge en un encuentro intenso y penetrante que se desarrolla allá por el 2003 en París, en ese tiempo donde todavía no existían los smartphones, “cuando todavía sonaba el teléfono y no había redes sociales” (12). Aquí, el yo que se narra vive en un corto lapso de tiempo una relación pasional e intensa con Guillaume, un músico parisino adicto a las drogas y con deseos de suicidarse. En esta crónica la autora hace que las palabras nos sumerjan en la vorágine de sentimientos, que nos permiten sentir la desesperación, el amor, el dolor y quizás hasta se podría decir el arrepentimiento del qué hubiera sido si… por este amor, porque sigue latente en sus pensamientos.

Hay crónicas más intensas que otras, pero eso depende siempre de cada lector y de cómo nos sentimos identificados con el relato. Una de ellas es la crónica “Dormir sola” de Erika Halvorsen. Esta tiene un encanto particular que nos lleva a la reflexión sobre lo que es la soledad o el estar con un otro. Esta soledad vista como una enfermedad patológica por parte de Lisandro, que él mismo busca justificar mediante artículos que lee para hacer que Ida se quede a su lado. En esta charla la comunicación es a través de mensajes en forma de audio. Sin embargo, ella cuestiona esta necesidad de tenerla con él y reivindica su deseo de estar sola: “me dijiste que soy masculina por querer volar después de cada polvo (…) qué arbitraria interpretación de la libertad”(88). Asimismo, las relaciones amorosas que se relatan no son solo uniones hetero, sino también homosexuales, lésbicas, poliamorosas. Las narraciones no están condicionadas ni limitadas solo a historias entre hombres y mujeres, sino que se visibiliza que el amor no entiende de géneros, ni de fronteras. Así, en el capítulo titulado Piel. “Tu cuerpo se abre y entro en aguas profundas” de Gabby de Cicco contiene un hermoso poema escrito con una caligrafía personalizada que habla de la unión de dos seres y de la entrega al placer, como una fusión única y excitante en ese recorrido por el cuerpo de la amada: “Si pudiera copiaría en tu piel el cuerpo lesbiano completo (65)”.

En cambio, el capítulo Irreversible “Ganas de retroceder el tiempo” de Alejandra Costamagna presenta una relación amorosa convencional y moderna entre Alejandra y Felipe, quienes llevan años conviviendo. Ambos tienen en claro una lista de razones para no tener hijos. Lo único que Felipe tolera es que tengan una gata. No obstante, cuando ella cumple 37 años y visita a su ginecólogo, “las razones de su lista de golpe se vuelven dudosas”, pues se despierta su curiosidad por la maternidad: esta idea de que “un cuerpo que engendra a otro cuerpo, que tiene esa licencia. Y que es una posibilidad con fecha de vencimiento (78)”. A su vez, la crónica está acompañada con una ilustración maravillosa e impecable, donde se muestra la simbiosis de Alejandra y la gata, que ayuda a comprender más sobre los sentimientos y sensaciones de esta crisis que la perturba.

En “Volver a casa a limpiarse el perfume ajeno” de Enzo Maqueira, nos zambullimos en las relaciones de parejas fingidas: la experiencia del “yo” que narra considera que el ser humano por naturaleza no es monógamo. Además, piensa que, en los noviazgos, lo que realmente existe es la exclusividad, pero no la fidelidad. Esto lo lleva a tener una relación abierta y encuentros sexuales casuales con otras personas; porque, como bien lo explica, su relación está basada en que “somos fieles a estar juntos a pesar de nuestras infidelidades” (143).

En Enamoramiento “Heridos sin habernos tocado” de Margarita García Robayo se produce lo contrario, ya que cuenta cómo es ese primer encuentro: la conquista cuando cada uno muestra lo mejor de sí para gustarle al otro. Pero, a su vez, también aparece ese miedo a no ser correspondido, el temor a que ese otro se vaya y terminar dolidos o lastimados.

Finalmente, en el capítulo “Todxs” de Cristian Alarcón, aparece la tropilla de recuerdos, que traen las voces y los amores pasados. El mar es el motor que permite que el “yo” se hunda en sus pensamientos y sentimientos, y traiga la remembranza de sus viejos amores al presente. Ellxs están en su evocación, cuando dice: “algunas ciudades saben a vos, otras saben a ti, tienen tu olor, se parecen a nuestro amor”(173). Son todxs lxs amantes y enamoradxs que le han venido acompañando en el transcurrir de su existencia.

Para concluir, cada sentimiento que se despierta en la lectura de cada una de las distintas crónicas a lo largo de los quince capítulos, nos hace vivir las historias, nos deja conocer sus vidas, sus anhelos, sus frustraciones, sus deseos, sus corazones rotos y sus poliamores. Todas las relaciones y los amores son todos distintos, únicos e irrepetibles. No hay ninguna historia igual a otra. Sin embargo, ya sea que duren un par de días meses o años, “la reciprocidad en el amor – incluso si dura segundos- es una victoria que merece celebrarse” (152).

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