Selfie: esa imparable manía de autofotografiarse

Qué hay detrás de la fiebre por los retratos. Expertos hablan de una nueva forma de contar la historia. El papel de los padres.

25 Oct 2015
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¿Preparados? ¿Listos? Ahí va. Todos reunidos en el bar, festejando el día de la Madre, smartphone en mano para inmortalizar ese momento mágico. Nony Portales, de 50 años, es feliz cada vez que su celular los retrata a todos juntos. Lo siente como una forma de estar más cerca de sus hijos. No hay que andar con vueltas, admite: “soy una fanática de las selfies”.

Luisana tiene 16 años y no pasa un día en que no cuelgue un autorretrato en Facebook. Cuando se levanta, en el colegio y antes de irse a dormir, siempre con el rostro inclinado. Sola, con sus amigas, con su novio. Frente al espejo con un short corto o en pijama. “Amo las fotos”, dice sin ponerse colorada. Para ella y para sus compañeras de colegio es algo normal fotografiarse.

Son mucho más que mero narcisismo. Los autorretratos se han convertido en un imparable fenómeno cultural y global. Si bien es una práctica que seduce principalmente a los jóvenes, cada vez son más los adultos que se suman a la moda de las selfies.

Alrededor del mundo se comparten al día un millón de autofotos. La tendencia parece imparable. Y está dando lugar a un amplio debate. Hay quienes ven en este comportamiento un peligro potencial y aseguran que los padres deben reaccionar. Pero también hay expertos que sostienen que no hay que demonizar el fenómeno y que estaríamos ante una nueva forma de comunicación.

Roxana Morduchowicz, especialista en jóvenes y consumo de tecnología, detalla que en la actualidad 9 de cada 10 adolescentes de entre 11 y 16 años tienen un perfil en una red social y que la plataforma por excelencia para ellos es Facebook.

“Están en un momento en que sus referentes dejan de ser los padres y pasan a ser los amigos. Lejos de preocuparse por preservar su privacidad publican todo lo que piensan y sienten. Esto es porque en las redes sociales lo más importante es tener muchos amigos y ser populares”, resalta la profesional, autora del libro “Los adolescentes y las redes sociales”.

Según Morduchowicz, la selfie encuentra su lugar ideal en una época en que lo que más importa es ver y ser visto. A los padres les cuesta encontrarse en este contexto. Muchos no entienden que sus hijos tengan la necesidad constante de mostrarse y no saben cómo actuar, dice.

“Muchas veces se sienten desorientados. Los padres creen que los chicos saben más que ellos y eso es parcialmente cierto y a la vez falso. Los jóvenes saben cómo manejar mejor la tecnología, pero la experiencia de vida y el sentido común es el saber de los papás. Es su deber seguir orientando a los hijos y evitando situaciones riesgosas”, sostiene. Y aclara que el fenómeno selfies tiene su lado peligroso, especialmente porque los chicos suelen mostrar demasiado su intimidad y no saben que del otro lado no sólo los están mirando sus amigos.

“Entonces, la recomendación es la más antigua: que haya diálogo familiar. Los padres deben destinar tiempo a preguntarles qué hicieron en el día en internet, con quién hablaron. Siempre sin invadir la privacidad y sin horrorizarse de lo que hacen. Aconsejarles mucho, crear una red de confianza”, especifica.

Martín Errante, gerente de Producto para Motorola Mobility Argentina, dio detalles sobre un estudio realizado recientemente en Argentina para saber qué utilidad le dan los adolescentes al smartphone: el 94% elige principalmente las aplicaciones de mensajería instantánea, el 82% las redes sociales y el 71% la cámara de fotos. “A la hora de elegir un teléfono, la opción de cámara frontal y la calidad de la misma se convierten en elementos decisorios de compra”, comentó a LA GACETA. “Sin lugar a dudas, para los jóvenes de hoy compartir momentos de sus vidas en la red se ha transformado en un nuevo modo de comunicarse y, las imágenes, su forma de expresión más relevante”, sostuvo.

Un trabajo de la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.) aparecido en la publicación The Altantic subraya que el narcisismo de los nativos digitales es superior al de las generaciones anteriores y que la selfie es una demostración de esto. Sin embargo, algunos estudiosos del tema sostienen que la autofoto no es otra cosa que una forma diferente de contar historias. Así lo afirma Malena Jarma (23 años) profesora de educación física, quien se declara amante de las selfies porque “captan la espontaneidad del momento”. Le encanta mostrar lo que está ocurriendo a su alrededor a través de estos retratos.

Karina Crespo, especialista en creatividad y tecnologías de la información y comunicación, opina: “la tecnología nos permite en la actualidad imaginar un mundo donde todos podemos construir y contar parte de la historia. Ya no hay una historia contada por algunos pocos, sino que esta posibilidad se amplía infinitamente con la llegada de las TIC (tecnologías de información y comunicación). En muchos casos las selfies muestran lugares, viajes, momentos compartidos, etcétera. Sin dudas hoy la imagen es parte de nuestro discurso cotidiano ¿Serán otros modos de conocernos?”, plantea.

Basta hacer algunas comparaciones para entender un poco más lo que pasa: los chicos que hace años ponían sus iniciales en la corteza de un árbol hoy comparten en la red su retrato de amor; si antes se pedía un autógrafo a un famoso, hoy la “posta” es tener una selfie con la celebridad por Internet; si en los años 80 se enviaban postales porque se había visitado un lugar, ahora se prefiere mandar un autorretrato hecho con el móvil junto al monumento. De alguna manera, estaríamos ante una forma de diario visual -dicen los expertos-, una manera de dejar un testimonio.

Enseñarles a construir una mirada crítica

Karina Crespo, especialista en Educación y en Tecnologías de la Información, respondie a las nuevas dudas que se plantean por la fiebre de las selfies.

- ¿ Por qué los chicos suben a la web lo que para los adultos pertenece a la esfera privada?

- El hacer registros de sí mismos es parte del proceso de la construcción de su subjetividad y sobre todo, de la consciencia que van construyendo sobre su propia imagen. La adolescencia o juventud conlleva todo un proceso de re-conocimiento y de búsqueda de sí mismo como también de sus pares, entonces, suena lógico que compartan imágenes de cómo se ven, tanto para reafirmar su mirada sobre ellos, como para afianzar la que quieren que vean sus pares. Creo que esta práctica no es nueva, todos en la adolescencia hemos necesitado afianzar la imagen de nosotros mismos. Tal vez lo que cambia es la socialización sobre este proceso que solía ser bastante íntimo.

- ¿Creés que la privacidad cede ante el deseo de ser popular?

- No sé si publican sus fotos para ser populares, más bien creo que parte de su necesidad de compartir sin limitaciones, sin tapujos. Creer que son dueños de la verdad, que los adultos exageran con los cuidados, pensar que nada malo puede sucederles es propio de la adolescencia. 

- ¿Qué consejos les daría a los padres?

- Creo que lo más inteligente es conversar, pero primero conocer cómo usan las redes, qué les entusiasma, para qué les sirve, qué les pasa. También conocer casos concretos de riesgo, para contar con ejemplos claros y reales, y no sólo con nuestros temores o fantasías. Dialogar, procurando no juzgar como negativo lo que hacen, sino más bien, poder mirarlo desde otros lugares que no sean el de ser dueños de la verdad. Construir con ellos una mirada crítica en la que sean dueños de elegir qué publicar y qué no. Preguntarnos siempre ¿Para qué?

PUNTO DE VISTA

Adolescentes en la era selfie -  Por Gabriela Abad, psicoanalista

Cada época elabora sus angustias con las herramientas con las que cuenta, o -podríamos pensar- cocina su malestar en un caldo que responde a los ingredientes de la época. Así nuestros días están marcados por una fuerte preeminencia de la imagen que captura en las redes de la ilusión y nos hace entrar en el peligroso embrujo de transformarnos en lo que vemos como un espejo que preformatea, seduce e invita a tomar como verdad lo que allí vemos.

Debemos aclarar que esta parasitación de la imagen no es privativa de los adolescentes; resalta porque ellos se encuentran en un momento más vulnerable. Necesitan reestructurar su imagen corporal y elaborar los cambios sociales, y esto requiere un trabajo que toma su esfera pública, en tanto se despega de los padres y de la familia, y comienza a hacer lazos más fuertes con el afuera y los pares. Que nuestros adolescentes siglo XXI recurran a las selfies y a las fotos en todas sus modalidades ni sorprende ni asusta. Al igual que los espejos de años atrás, es un lugar donde preguntarse quiénes son. Les permite armar alguna escena en la cual incluirse y tratar de encontrarse.

En estos tiempos parece más importante retratar el momento que vivirlo, porque en la foto y en lo que se sube a la red se vislumbra un brillo y una plenitud que, por supuesto, no existieron. En la imagen todo se completa y se adorna como si hubiera sido “perfecto”; por el contrario, vivir es conectarse y ofrecerse a la fricción de los lazos sociales, nunca sin frustración y sin pérdida. Armar una vida maravillosa en “el face”, que no es privativo de los adolescentes, es una tentación a la que es difícil sustraerse. Este recurso posmoderno es más peligroso cuando se cree encontrar al otro lado de la pantalla el sostén que debería tener fuera del espacio virtual; el anclaje que deberían brindar padres -o quienes cumplen su función-, escuela, maestros, religión, clubes, etc. Son estos quienes tienen el legado de alojar, escuchar y amparar en la difícil travesía de crecer. Cuando esto falta, el joven se tienta a construir en lo virtual una mirada que lo amarre y termina ofreciendo allí lo más preciado que posee, su intimidad.

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