La esperanza intacta: el relato de dos salteños que estuvieron en el ARA San Juan

José Ortega y José Montenegro son ex combatientes de Malvinas y el año pasado estuvieron en el submarino desaparecido y junto a varios de los 44 tripulantes actuales. Se resisten a creer que estén muertos.

27 Nov 2017
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Cuando José se enteró que el submarino estaba perdido no lo pudo creer. Inmediatamente se le vino a la cabeza que ahí estaba Carlos Nolasco, el pequeño que había visto crecer en el club 2 de Abril de Limache y que con el paso de los años abrazó la carrera de submarinista.

José Alberto Ortega estaba participando de las olimpiadas de ex combatientes de Malvinas que se realizaban en Misiones cuando llegó a sus oídos la noticia que muchos no quisieron creer: el submarino ARA San Juan estaba desaparecido y había perdido contacto con la Base Naval.

José Eduardo Montenegro se encontraba en Salta cuando le comentaron lo que había pasado con el sumergible que el año pasado habían conocido junto a otros veteranos de guerra en Mar del Plata. Tampoco entraba en su cabeza la idea de que no haya rastros del San Juan.

Al llegar Ortega a Salta, ambos se pusieron al día de lo acontecido y les cayó en seco el recuerdo de los estrechos pasadizos que habían recorrido hacía pocos meses. Los ex combatientes de Malvinas se encontraban recorriendo el país cuando arribaron a la ciudad costera en donde se encontraron con uno de los salteños del que aún no se tienen noticias tras perderse el submarino.

“Nos habían dado lugar en la base naval en Mar del Plata y nosotros compartimos con esta gente que amablemente nos hicieron subir al submarino y nos explicaron cosas” recuerda Ortega.

Una certeza inexplicable se apodera de estos hombres que encuentran esperanza aún en esta difícil situación no solo para los submarinistas, sino para sus familias y todo el país.


“Tengo la esperanza que los van a encontrar, de que van a aplicar los conocimientos que le da la Armada para sobrevivir”, expresa Montenegro y su amigo agrega: “a pesar de los dichos y las hipótesis, yo sigo pensando que se los puede encontrar con vida, aparte de ser mi deseo ellos tienen algo especial y la supervivencia de esa gente”.

Fue esa esperanza y el optimismo que forjaron durante años lo que los llevó a colocar banderas argentinas con el número 44 y la leyenda “ARA San Juan vive” en el frente de sus casas.

“Yo te pongo una bandera y hay gente de este barrio q hace lo mismo porque tenemos esperanza. Se va replicando, es un efecto multiplicador”, dice Ortega. Es que desde que se supo de la desaparición del submarino, no han cesado de multiplicarse mensajes de aliento en todo el país. Los ex combatientes saben lo que se vive en un evento de tal magnitud y tratan de mantener viva la llama de la esperanza.

“Ahí tomamos conciencia del valor que tiene que tener un hombre que abraza la carrera de submarinista, no cualquiera es submarinista” comenta el ex comando anfibio sobre su experiencia en un sumergible: el ARA Santa Fe, que fue hundido durante el conflicto bélico de Malvinas.


El silencio que a veces parece eterno, y que solo es interrumpido por las paredes de metal del submarino, que suenan en las profundidades del mar, vuelven a su memoria como si el tiempo no pudiese borrar esos recuerdos.

¿Se desarmará? Es lo que se preguntó José la primera vez que subió a un submarino. “Eso cruje por dentro” memoriza.

Pero también recuerda que en los estrechos habitáculos de un sumergible se forja entre las personas un vínculo entrañable.

“La cordialidad que existe entre ellos es inigualable, ahí te olvidas del grado que tenés. Nadie tiene en cuenta el grado, lo que se tiene en cuenta es el trabajo que vos haces. Y capaz que llegas a conocer a un compañero más que a un hermano, el conocimiento es íntegro, es total” afirma Ortega. Y como prueba de su esperanza en la supervivencia de los submarinistas sintetiza: “son personas muy especiales. Bolas no le faltan”.


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