Aprender a caminar en la naturaleza

13 Nov 2017

Caminar es una de las primeras cosas que aprendemos a hacer en la vida. Poner un pie al frente y simultáneamente desplazar el peso del cuerpo para no perder el equilibrio. Repetir con el otro pie. Lo hacemos a diario como una cosa totalmente natural, pero es un proceso más difícil de lo que percibimos y nos lleva mucho tiempo y práctica poder hacerlo. Caminamos todos los días por la casa y en las calles de la ciudad. Pero ya conocemos esos lugares y vamos dejando de prestarles atención. "Lo mismo en la calle y en vos", dice el tango. Hasta que un día salís por un segundo de esa burbuja en la que circulas, levantás la vista y te ataca la duda: "¿Ese edificio fue siempre de ése color o lo pintaron ahora?". Perdemos la capacidad de observar el entorno.




Ver la naturaleza

Al caminar por ciudades desconocidas estamos atentos a los nuevos caminos, las costumbres del lugar, la forma en la que manejan para evitar ser atropellados. Algunos van más preocupados por ver vidrieras y otros miran para arriba disfrutando la arquitectura del lugar. Siempre cuidando del mapa para no perderse.




Sentir la naturaleza

Pero caminar por la naturaleza es algo completamente diferente. Ahí no sólo hay que romper la burbuja que nos aísla, además hay que agudizar todos los sentidos. Respirar el aire puro con su aroma a vida. Escuchar los sonidos de la tierra. Sentir la textura bajo tus pies y al alcance de tus manos. Probar el sabor de alguna fruta fresca. Ver todas las cosas que la naturaleza nos brinda.





Vivir la naturaleza

Esa experiencia de conectar con el entorno es algo que deberíamos hacer con más frecuencia. Dejar de ser entes ensimismados e individuales. Salir de la alienación y entendernos como parte del entorno que nos rodea. Comprender que lo que pasa ahí afuera, de una u otra manera, nos afecta. Y de la misma forma las cosas que hacemos, para bien o para mal, afectan a los demás y al entorno.

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