Las redes sociales y la distancia

08 Ene 2018
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Las redes sociales y la distancia

Pregunta clásica: ¿Qué es lo que más extrañas?. Supongo que la hacen esperando ansiosos una respuesta poética como "los atardeceres" o "ver los cerros nevados", o quizás una revelación mítica que les ilumine la vida dándoles una visión diferente del mundo. Pero mi respuesta es siempre la misma, la que secretamente se estaban imaginando y deseando que no fuese la elegida.

Las personas. Lo que más se extraña son la familia y los amigos. Y es que se pueden hacer nuevas amistades e incluso hasta formar una familia, pero nada de eso puede reemplazar a quienes quedaron atrás al partir. Sin embargo, hoy en día es más fácil acortar las distancias gracias a las redes sociales. Entre muchas cosas ajenas a mi interés o posts que tienen más de recreativo que de informativo, cada tanto aparece alguna novedad importante en mi Facebook. Y hablo casi a diario con mis amigos como para poder engañarnos y no sentir tanto el peso de los 3.700 kilómetros que nos impiden sentarnos en la misma mesa y reírnos juntos.

Las redes sociales, que nos parecen tan normales, no siempre estuvieron ahí. En los comienzos de las telecomunicaciones la única forma de hablar por teléfono a larga distancia era conectándose con una operadora, diciéndole a dónde queríamos hablar y después esperar que la operadora nos llamara de vuelta para decirnos que la conexión estaba disponible. Para llamadas internacionales la espera podía ser de una hora o dos, para poder hablar sólo unos minutos porque en cualquier momento la conexión se caía.

Cuando me fui a estudiar a Tucumán a finales del siglo pasado (digo "siglo pasado" y parece que fue en otra vida, pero estoy hablando de hace 18 años) Internet ya había llegado a nuestras casas, pero todavía de forma tibia. Se podía mandar un email a quien ya tuviese una cuenta, pero la respuesta podía hacerse esperar porque casi nadie tenía la costumbre de revisar sus mensajes a diario. Para conectarse a Internet había que utilizar la línea telefónica pagando por cada minuto que se utilizaba, hasta que las compañías telefónicas lanzaron la tarifa plana nocturna: pagando un valor fijo por mes el uso de conexión a Internet era libre de 22 a 7 de la mañana. Comenzaron mis días de ir a la facultad con pocas horas de sueño.

Dentro de 10 o 20 años algún viajero escribirá sobre cómo los smartphones de su adolescencia se convirtieron en dispositivos de realidad virtual que le permiten compartir una cena con sus amigos incluso a la distancia. Estimulando su cerebro para poder sentir aromas, sabores y texturas además de las imágenes y los sonidos. Los avances tecnológicos nos llevan a sentir que acortamos las distancias, pero la única forma efectiva de eliminarla es estando allí en persona. Darnos un abrazo fuerte y mirarnos a los ojos cuando hablamos. Hay cosas que la tecnología nunca va a poder sustituir. Y no importa cuántos avances tecnológicos pasen por mis manos, siempre voy a extrañar a las personas.

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