El cáncer de pulmón sigue siendo el más mortífero, pero no siempre lo causa el cigarrillo

La gravedad radica en que se diagnostica muy tarde. Fumar sigue siendo la principal causa evitable. Calidad de vida y avances terapéuticos.

30 Nov 2018
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DIFICULTADES PARA LA PREVENCIÓN. Los síntomas del cáncer de pulmón, cuando los hay, son sumamente inespecíficos y, generalmente, tardíos.

Es un clásico que se puede falsear. Y además, es discriminatorio: “¿un tumor en el pulmón? Seguro que se fumó todo...!”. ¿Quién no escuchó frases como esta? Pues resulta que el 25% de los cánceres de pulmón (sí, en plural, porque no son todos iguales) lo sufren no fumadores. Y en ese grupo que ni siquiera tocó el tabaco, representa la séptima causa de muerte.

“Entre personas que usan la combustión de leña para cocinar, algo frecuente en países como los nuestros, se diagnostican ciertos cánceres de pulmón -explicó el oncólogo Luis Corrales, del Centro de Investigación y Manejo del Cáncer, de Costa Rica-. También los causan la radiación, la inhalación de químicos y la de gases de hidrocarburos, y los asbestos (amianto)”. Corrales fue uno de los formadores en la academia para periodistas sobre cáncer de pulmón, llevada a cabo por Pfizer en Buenos Aires. Él se encargó de presentar el panorama de la enfermedad en la región y los retos que genera, que son muchos, porque el de pulmón sigue siendo el cáncer más mortífero.

En ese duro marco, hay buenas noticias para dar: los tratamientos disponibles permiten en una buena cantidad de casos, según de qué tipo de cáncer se trate, más tiempo y mejor calidad de vida.

Oncogénesis

Aclaremos: fumar no es la única causa, pero sí la principal causa evitable; estaba claro ya en 1950. La oncogénesis no se debe tanto al tabaco en sí, sino a las mutaciones que provoca en las células (en este caso, del pulmón, pero no es el único órgano que sufre las consecuencias) la combustión a altas temperaturas y las sustancias que en ese momento emiten el tabaco, sus aditivos y el papel, resaltó Corrales.

“Esas mutaciones son capaces de propiciar división descontrolada de células y desarrollo de tumores”, resaltó. Y uno de los primeros datos regionales que compartió nos compete: entre los latinos la mortalidad es mayor.

Pero gracias a la biología molecular -agregó- sabemos que lo que durante mucho tiempo se consideró una enfermedad aislada relacionada con el tabaquismo es mucho más compleja y está causada por diferentes cambios genéticos.

“Podemos clasificar los cánceres de pulmón en dos grandes grupos. En el primero están los de células pequeñas (CPCP), más frecuentes en varones, altamente asociados al tabaquismo y de crecimiento rápido, que representan entre el 15% y el 20% de los casos”.

“Para estos durante mucho tiempo sólo hubo cirugía y quimioterpia. Pero se han logrado grandes avances con inmunoterapia, que en nuestro país está en vías de aprobación por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat), resaltó en el seminario Diego Kaen, jefe de Oncología del Hospital Escuela y de Clínica de la Universidad Nacional de La Rioja, quien logró hacer comprensibles las cuestiones técnicas del testeo molecular.

“El otro 80%, el de células no pequeñas (Cpcnp), se subdivide en adenocarcinoma (un 85% de los casos) y otros. Pues bien: el 35% de los pacientes con adenocarcinoma no es fumador”, insistió Corrales. Y agregó que un 4% de esos tumores se desarrollan en menores de 40 años.

Los retos

Lo más difícil es el diagnóstico temprano; de hecho, el cáncer de pulmón sigue siendo llamado “asesino silencioso”, porque los síntomas son similares a los de otras enfermedades respiratorias (tos que dura tres semanas o más; dolor en el pecho; dificultad para respirar; estado gripales que tardan mucho en mejorar, incluso con antibióticos; sangrado de la nariz) y la consulta demora mucho en llegar. Por eso es importante, ante cualquier sospecha, el control médico: ¡ojalá nos diga que es sólo una bronquitis rebelde! (Ver “Los rayos X...”.)

Si el tumor se detecta a tiempo y se extirpa quirúrgicamente sin que se haya diseminado, se puede tratar y curar. Pero son la minoría (sólo el 10%): según informó Kaen, en Argentina la mayoría de los casos se detecta en fase III, cuando no es curable.

“Pero eso no significa que no haya respuestas posibles. Hasta 2014, cuando se abrieron las puertas a un nuevo paradigma, sólo teníamos la quimioterapia. Ahora, hacer testeos moleculares de los tumores permite formular terapias dirigidas para mejorar la supervivencia de grupos de pacientes con enfermedad metastásica”, resaltó.

Medicina de precisión

De lo que se trata es de ir directamente al corazón del tumor, o de ayudar al sistema inmune a reconocer las células cancerígenas. Y así, en lugar de atacar toda célula que se reproduzca con rapidez, incluso las sanas, como hace la “quimio”, se pueda bloquear su crecimiento y su propagación, interfiriendo en la acción de moléculas específicas, llamados “blancos moleculares”, que las activan, explicó Kaen.

“Conocer y entender las características de los diferentes tumores antes de iniciar el tratamiento permite ser mucho más efectivos -destacó Corrales-. Y si bien no se cura, en muchos casos la enfermedad se puede controlar durante años (en la década de 1980 ni se intentaba tratamiento) con mucho menos síntomas y buena calidad de vida”.

Terapia dirigida

Conocer el tumor significa, en primer lugar, saber de qué tipo de tumor se trata, y cuáles son las mutaciones asociadas a él. Y tener en cuenta, además, que un tumor puede no ser homogéneo, por un lado, y que es capaz de mutar, por el otro, así que es necesario ir controlándolo durante el tratamiento para saber si este sigue siendo eficaz (ver: “Biopsia líquida”). Lo bueno es que, en muchos casos, si un tratamiento deja de funcionar, hay otros para intentar reemplazarlo.

“Una de las mutaciones más frecuentes es la de EGFR. Se trata de una proteína que, desde la superficie de las células, las ayuda a crecer y a dividirse. Cuando EGFR muta, las células crecen más rápido -agregó Corrales-. En estos casos (más frecuentes en mujeres, jóvenes menores de 40 años y no fumadores) se pueden administrar inhibidores de EGFR y bloquear la señal que activa el crecimiento de las células”.

“En la Argentina, la mutación de EGFR se encuentra en entre el 15% y el 20 % de los casos de este tipo de cáncer -resaltó Kaen-. Y una de las grandes ventajas de estas terapias es que son pastillas, que se toman en casa y haciendo vida normal”.

Hay otro 5% de los Cpcnp en los que se detecta que el gen ALK ha mutado, lo que lo hace generar una proteína que hiperestimula el crecimiento de las células malignas. Los tratamientos disponibles (también pastillas) pueden usarse incluso en lugar de la quimio, mejorando considerablemente la calidad de vida.

Fortalecer defensas

La otra nueva alternativa es la inmunoterapia. En un proceso celular normal, los linfocitos T (un tipo de glóbulos blancos) identifican las células tumorales y las eliminan. Nuestro cuerpo hace eso todo el tiempo. Pero ellas han aprendido a burlar el sistema.

“Imaginemos que las células tumorales tienen una ‘máscara’ que las oculta, y los linfocitos, entonces, se quedan como relajados. El tratamiento bloquea el receptor que hace posible la ‘máscara’ y torna la célula tumoral visible para el sistema inmune”, explicó Corrales.

Se utilizan sustancias producidas por el cuerpo o fabricadas en un laboratorio, como los anticuerpos monoclonales, que pueden funcionar fortaleciendo el sistema inmune y también deteniendo o retrasando el crecimiento de las células cancerosas, o impidiendo que se diseminen a otras partes del cuerpo (Ver: “Inmunoterapia”).

> Perspectiva femenina | Segunda causa de muerte en el mundo
Aunque en general la probabilidad de que una mujer desarrolle cáncer de pulmón a lo largo de su vida es de 1 en 17, las cifras están cambiando y la enfermedad va en aumento en la población femenina. En la Argentina, y según datos del Instituto Nacional del Cáncer (INC), la prevalencia de la enfermedad es aún bastante mayor entre los hombres (68,45 % para ellos y 31,55 % para las mujeres), pero es particularmente preocupante el aumento de la mortalidad por este tipo de cáncer en las mujeres. Globalmente, es la segunda causa de muerte más común entre ellas, especialmente desde que hicieron más frecuente su hábito de fumar. En contraposición, las mujeres parecen beneficiarse de una disminución más pronunciada del riesgo de tumor una vez que han abandonado el tabaquismo.

> Inmunoterapia | Te contamos qué son y cómo funcionan los anticuerpos monoclonales
Son moléculas producidas en laboratorio diseñadas para actuar como anticuerpos sustitutos, y son capaces de restablecer, mejorar o imitar el ataque del sistema inmunitario a las células cancerosas. Están diseñados para unirse a los antígenos que suelen ser más numerosos en la superficie de las células cancerosas que en las sanas. Distintos anticuerpos de este tipo son capaces de detectar células cancerosas, destruir sus membranas, bloquear su crecimiento o atacarlas. También pueden bloquear inhibidores del sistema inmune y son capaces de llevar hasta la célula tumoral el tratamiento de radicación y la quimioterapia. Se administran por vía intravenosa, y la frecuencia con depende del tipo de cáncer y del medicamento que se esté tomando.

> Los rayos X no alcanzan | Si no podés dejar el pucho, al menos consultá para que te hagan controles “Lamentablemente, no es posible una estrategia masiva (screening) para detectar la enfermedad en personas sin síntomas -reconoció Diego Kaen-; pero al menos los fumadores deberían pedirle a su médico de cabecera un control”. La cuestión es que no todo control es útil: “está demostrado que la radiografía no sirve. Hace falta una tomografía especial, de baja densidad”, agregó, e incluyó en la población de riesgo las personas con antecedentes familiares. El cese del tabaquismo disminuye lesiones precancerosas y reduce el riesgo, pero este sigue siendo importante durante años después de dejar de fumar, así que los controles deberían ser la regla incluso si ya no fumás.

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