Montañismo: Cómo es alcanzar la cima y encontrarse con uno mismo

Subir los cerros está de moda. Cada vez son más quienes lo hacen para huir del frenético ritmo de la ciudad.

14 Abr 2019

TUCUMÁN.- El llamado de la montaña llegó tarde. Pero más vale tarde que nunca, pensó Ester Bertoli. A los 75 años se largó a la aventura de tocar el cielo con las manos. Siempre había soñado con recorrer los cerros, internarse en la naturaleza, llegar a la cima, respirar hondo y sentirse la persona más libre del mundo. Una vez que el sueño se le hizo realidad no pudo parar más.

Algunos, como Ester, lo consideran una “cuenta pendiente” en sus vidas. Otros lo hacen para escapar del ritmo frenético de la ciudad. Para ver atardeceres y paisajes que sólo se ven en la montaña. Para compartir una experiencia que empuja al cuerpo y a la mente al límite. Si bien son diferentes las causas, cada vez más gente se lanza a la travesía de alcanzar las nubes.

El montañismo suma muchísimos adeptos. La semana pasada un grupo de 61 tucumanos hizo cumbre en el Cerro Ñuñorco Grande (3.320 metros sobre el nivel del mar), en El Mollar. Los organizadores de este tipo de actividades outdoors (al aire libre) cuentan que hasta hace un par de años los grupos para estas expediciones no superaban los cuatro o cinco integrantes. Y ahora nunca son menos de 20.

Renzo Di Berto, del grupo “Caminantes de Montaña”, se mostró sorprendido por la cantidad de personas que se están sumando a la actividad. “Hoy la gente ha entendido que no se necesita una gran experiencia para llegar a una cumbre. Vienen familias enteras, jóvenes y hasta niños. Lo hacen por distracción, para despejarse de sus agobiantes rutinas y para hacer amigos”, describe.

Hay algo que le revelaron muchos montañistas y que él también siente cada vez que hace una excursión: “la montaña te conecta con vos mismo; es el lugar donde se acomodan los errores, donde aparecen más preguntas y más respuestas, donde se aclaran las cosas”.

Cuando empezó en 2011 no podía juntar ni cinco personas. Ahora ha llevado a los cerros hasta grupos de 107 integrantes. Hace recorridos por toda la provincia: desde la Quebrada de Lules, Aguas Chiquitas y las sendas de la zona de Horco Molle para quienes son principiantes en el trekking. Para los profesionales y aventureros hay alternativas en la zona del parque de Los Alisos, El Mollar y Tafí del Valle. Renzo no trabaja solo: cada 10 o15 personas va un guía y también los acompaña un médico.

Los participantes pagan por el recorrido, en el cual va incluido el precio del seguro contra accidentes personales. Las actividades más básicas duran entre dos y cuatro horas. Los aventureros llevan su comida y el líquido necesario, además de su mochila con una manta térmica, imprescindible para cuando baja la temperatura en el cerro.

Francisco Martínez Luque, de “Culmen” (empresa que organiza travesías de alta montaña) desmitifica eso de que sólo los que están muy entrenados pueden subir el cerro. Sostiene que el auge del montañismo se debe principalmente a que vivimos hiperconectados y este tipo de actividad ofrece una desconexión incomparable. “Además, las redes sociales contribuyeron a romper mitos, a entender que no es imposible llegar a la cima. Esto tiene un efecto multiplicador. La gente ve que sus conocidos lo logran y se plantean ¿por qué yo no?”, evalúa.

Familias enteras y grupos de amigos. También programas cerrados para empresas. “Aumenta muchísimo la demanda para excursiones. Hay opciones accesibles para principiantes y también para avanzados. Las excursiones van desde hacer desde trekking en Horco Molle, ir hasta la Puerta del Cielo (San Javier) o ir hasta el Aconcagua o Africa”, enumera. Recientemente, Culmen llevó un grupo de 40 personas al Valle de las Lágrimas, lugar reconocido en el mundo por la historia de supervivencia que protagonizaron los rugbistas uruguayos luego de sufrir un accidente de avión.

Para llegar hasta ahí los andinistas cruzaron la cordillera. “La gente disfruta mucho del contacto con la naturaleza y también de poder superarse físicamente y alcanzar una meta”, destacó Martínez Luque.

Lo más importante

La planificación es esencial, especialmente cuando se asciende a más de 3.000 o 4.000 metros. Esto requiere preparación física y armar un equipamiento adecuado. Si es una montaña exige escalar una pared hay que conocer las técnicas, detalla Martínez Luque, que hace montañismo desde los 17 años. Ahora tiene 35 y una vasta experiencia que incluye desde el Aconcagua hasta la montaña más alta de Africa, el Kilimanjaro.

Di Berto aconseja no hacer estas travesías solos, sino en grupos. “Hay que asesorarse muy bien antes de subir porque pueden aparecer desde problemas del clima hasta los “males de la montaña”, como por ejemplo dolor de cabeza, sueño y mareos. Me pasó una vez que sufrí fatiga muscular. De repente ya no sentía mis piernas. Por suerte no iba solo… iba en grupo y eso me permitió poder contar hoy la historia”, confiesa.

Hernán Parajón, presidente de Cumbres Andinas, cree que la preparación es importantísima. Pero no solo habla de la cuestión física. “Hay que estar informados y capacitados, saber que el ‘mal de la altura’ puede derivar en un edema pulmonar o cerebral. Es fundamental llevar hidratación, comida adecuada y los equipos. Estar atentos al clima, ya que la temperatura desciende mucho de noche”, recomienda.

“Es una actividad que uno elige como forma de vida. Pero no hay por qué dejar la vida en esto. He perdido amigos en las montañas. Lo importante no es la cumbre, sino el camino. Y ser capaces de admitir cuando no podemos llegar a la cima. Hay gente que se obsesiona y se arriesga demasiado”, comenta Hernán, que es también un reconocido rescatista de la provincia.

Estos son sus consejos: “conversar con personas que tengan experiencias y hacerse siempre un chequeo médico que determine si la persona está en condiciones de salud como para hacer un programa de entrenamiento y para cumplir los requerimientos de una expedición de alta montaña. Hay que informarse sobre el lugar al que iremos. Hay que conocer el cerro y también a uno mismo, saber dónde están sus límites”.

La preparación de la que hablan los expertos, cuando lo que se tiene en mente es hacer una gran cumbre, debe incluir cumbres más pequeñas.

Según Parajón la actividad ha ido evolucionando mucho en los últimos años: antes, las expediciones duraban unos 25 días y ahora hay récords de 32 horas para escalar el Aconcagua. La tecnología tuvo un gran impacto: “antes, si se nublaba, tenías que sentarte a esperar porque te podías perder, pero hoy tenés GPS que te ayudan a avanzar”

“En Tucumán primero notamos gran interés por el trekking y ahora la gente se vuelca mucho a la altura. Buscan objetivos de media y alta montaña (más de 5.000 y 6.000 metros). Cada vez hay más tucumanos que quieren ir al Aconcagua”, destaca.

El autoconocimiento es quizás el aspecto más destacado por aquellos que se dedican al montañismo. Es una experiencia épica en la que se disfruta de la naturaleza y al mismo tiempo se pelea contra los obstáculos que ésta le presenta. No hay edad para alcanzar la meta. Los niños arrancan a los siete u ocho años. Los más grandes siguen subiendo cerros incluso con 80 años.

“Creía que no iba a poder lograrlo, pero el grupo me dio fuerzas la primera vez. Haber disfrutado los paisajes, haberme encontrado a mí misma, haberme superado… todo fue sin dudas una de las experiencias más maravillosas”, resume Ester.

> Claves para minimizar riesgos
- Control médico. Es recomendable que un profesional confirme que las condiciones físicas de las personas son adecuadas para el tipo de entrenamiento que se piensa realizar.
- No aventurarse solos. Ir en grupos y preferentemente que haya alguien con conocimientos médicos y con experiencia en el terreno.
- Equipamiento adecuado. Es fundamental contar con vestimenta y equipamiento acorde con la altura y el tipo de ascensión que se planea. También hay que planificar la comida y bebida para llevar. Es ideal contar con GPS.
- Metas a medida. El montañismo ofrece posibilidades muy diversas, desde montañas pequeñas hasta grandes alturas.  El ascenso a una altura elevada debe ser precedido por ascensos a montañas más bajas, para permitir un mejor aclimatamiento.

> La maestra que hizo cumbre con su hijo de tan solo ocho años 
Para Marina Ochoa (41) el montañismo es hermoso porque combina la actividad física con la naturaleza. “Es mi lugar en el mundo, donde alcanzo mi paz interior”, explica la docente oriunda de Bella Vista. Enfrentar los desafíos le da seguridad. “Llegar a la cima, pese al agotamiento, es increíble”, describe.
El fin de semana pasado vivió una experiencia única porque su hijo de ocho años, Benjamín, hizo cumbre con ella en el cerro Ñuñorco Grande, a más de 3.300 metros de altura sobre el nivel del mar. “Nos sorprendió a todos. El ya me había acompañado varias veces a hacer trekking y senderismo, pero esta vez era distinto y la verdad que se notó su conexión con la montaña”, destaca la mamá, orgullosa.
A Marina no le gusta la vida de ciudad. Y asegura que el montañismo es más que recomendable cuando uno necesita un cable a tierra. “Vivimos acelerados, sin tiempo que alcance para nada. Pero cuando entro en contacto con la montaña todo cambia para mí. Es ahí, en los cerros, donde tomé las mejores decisiones de mi vida, donde vi con claridad las cosas y superé lo que tenía que superar”, resume. Las imágenes con las que se vuelve de la montaña son tan inolvidables como personales. Se siente la libertad, concluye.

> “Prevenir el mal de altura”
Hay una serie de trastornos que pueden afectar la salud de las personas que visitan montañas ubicadas a más de 2.500 metros sobre el nivel del mar. Estos son conocidos con el nombre de “enfermedad por altitud” o “mal de altura”. Esta patología es causada por una reducción de la presión atmosférica y de los niveles de oxígeno, y se siente más cuanto más rápido se asciende y mayor es la altitud alcanzada.
Los síntomas más comunes son dolor de cabeza, fatiga, mareos, dificultad para respirar, náuseas y desmayos. Para aclimatarse, se requiere normalmente más de un día en el lugar. ¿Cómo se puede prevenir este mal?  Hay que comer antes de tener hambre, abrigarse antes de tener frío, beber antes de tener sed y descansar antes de sentirse agotado.

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