Cintia Fernández: llegó la hora de la verdad

Arranca el juicio por un asesinato que abrió grietas en la justicia. Todo lo que tenés que saber del caso.

13 May 2019
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“Si no hay justicia por mi hija, la haré por mano propia”, la frase fue pronunciada por Ana Fernández, madre de Cintia. Después de más de 8 años, el asesinato de la joven va a juicio. El acusado, Mario Federico Condorí, tiene grandes chances de no terminar en prisión.

El 3 de mayo de 2011 fue hallado el cuerpo de Cintia, en su departamento de Parque La Vega. Desde entonces, el caso cobró una notoriedad que trascendió la investigación: la madre de la joven encabezó, todos los viernes marchas contra la impunidad, junto a otros padres y familiares cansados de la falta de reacción de los jueces o molestos con algunos fallos que consideraron indulgentes o insuficientes. Ana Fernández, con su dolor a cuestas, se convirtió en uno de los pilares de estos padres contra la impunidad.

Ana Fernández marchando con familiares de víctimas frente a la Casa Rosada. FOTO TOMADA DE FACEBOOK

El caso

El cuerpo de Cintia Fernández fue encontrado por su madre, Ana, el 3 de mayo de 2011, a las 21.40, en un dormitorio del departamento D, del block 18 del complejo habitacional. Los peritajes señalan que fue asesinada cinco días antes de su hallazgo, es decir el 28 de abril. La autopsia determinó que la joven dejó de existir por asfixia por sofocación; el cuerpo tenía, además, una bolsa que le colocaron en la cabeza. También presentaba hematomas en la cabeza y en el tórax.

El expolicía Mario Federico Condorí, que se estima tenía una relación con Cintia,  quedó imputado como el posible autor del asesinato.

Condorí se sentará en el banquillo de los acusados, declarándose inocente. Su abogado, Alejandro Eckhardt, insiste en que su defendido cuenta con las pruebas objetivas y científicas para probar que no estuvo en el lugar del crimen de la joven.

El fiscal, por su parte, tendrá que probar que Condorí estuvo en el lugar y perpetró el hecho. Algunas pruebas que encaminaron la investigación contra Condorí son: una de sus tarjetas identificatorias en el domicilio de Cintia, varios testigos lo vieron entrar y salir de su departamento los días previos al homicidio; su moto fue identificada por vecinos y fue visto tomando cerveza con Cintia. Además el registro de las antenas y las llamadas telefónicas del imputado indican que él se encontraba en zona sur durante los días en los que se estima que se cometió el crimen.

Otras hipótesis

Antes de caratular la causa como “homicidio”, la policía barajó otras hipótesis, que finalmente fueron descartadas.

Al comienzo de la investigación una de las principales hipótesis fue la de  asfixia autoerótica.

La policía científica desestimó esta posibilidad porque la bolsa que tenía en la cabeza estaba encintada cuatro veces, con gran minucia. “En los casos de asfixia autoerótica es común encontrar una bolsa suelta ya que es más fácil sacarla o colocarla, evitando que la persona realmente se asfixie. En este caso, la cinta estaba muy ajustada y, además, la joven tenía la ropa interior puesta, lo cual no se suele dar en este tipo de casos”, dijo a El Expreso el perito Carlos Párraga. La cinta que tenía la bolsa había sido colocada con mucho detalle, sólo se podía hacer desde afuera. Por otro lado, la víctima había ingerido grandes cantidades de alcohol en el cuerpo lo que le imposibilitaba haber utilizado la cinta con tanta pericia. Aparte, el análisis del cuerpo indicaba que la joven ya había tenido relaciones sexuales previamente lo cual no es común en casos de asfixia autoerótica.

La hipótesis del suicidio también fue descartada, cuando la forense notó que la joven había recibido fuertes golpes en la cabeza, el pecho y las piernas. Esto da a entender que hubo una pelea antes de la muerte. También había salpicaduras de sangre sobre el pasillo y huellas de dedos a la altura de la puerta. Esto indicaba que ella pudo haber sido agredida en otro lugar y luego haber sido arrastrada.

Además, especialistas en psicología legal determinaron que el perfil de Cintia no era suicida: estaba pintando su departamento, había empezado a vivir sola y se estaba por recibir de licenciada en genética.

El juicio, en el que deben declarar 90 testigos, puede terminar con esa injusticia o perpetuarla.


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