Cortejo virtual: cambian las reglas pero no el sentimiento

Tinder, Happn, Grindr, Badoo son algunas de las tantas apps que empujan al “match” ¿Pero es posible encontrar el amor en espacios que suelen asociarse directamente con contactos casuales? Acá, algunas respuestas.

12 May 2019

TUCUMÁN.- Hola, ¿cómo estás?” fue la primera frase que intercambiaron Diana Castro y Adrián González. Un texto casi bordeando el automatismo y exento de algún aditivo, como si fuera un mero trámite o las palabras estipuladas en un instructivo. Cuesta creerlo pero así es como empieza e incluso, para esta pareja, hay algo nostálgico en esas líneas. En aquel mensaje que se repite en los chats de miles de personas que -aún sin saberlo- están a unas teclas de distancia de conocer el amor.

Por lo que respecta a la comunicación afectiva, el uso (ya cotidiano) de plataformas para citas y de WhatsApp hizo que aparezcan nuevos códigos de cortejo. Con la distancia, el celular puede convertirse en un aliado de cuerpo frío pero ¿es posible consolidar y perpetuar un romance online?

“El uso las apps y la web cambió los rituales de juego y de seducción para ambos sexos; se establecen nuevos códigos -comenta el psicólogo Arturo Gómez López, especialista en terapia de parejas-. Herramientas así son vías de acceso muy útiles y, si vemos la tasa de uso, sin lugar a dudas han sido recursos facilitadores de encuentro entre personas que tal vez era imposible que se crucen”.

Conquistar y stalkear

“Nos conocimos por Tinder -recuerda Diana, un poco avergonzada de su perfil en esta aplicación de encuentros-. Un día, después de semanas de mensajes, decidimos encontrarnos en la terminal de ómnibus. Él había estado viviendo en Buenos Aires y quería que le enseñe lugares para sacar fotos”.

La propuesta se desencadenó en una tarde de mates entre amantes de la fotografía y el “proceso de flirteo digital”: una serie de pasos preestablecidos que gozan de dominio público y son insoslayables.

¿El spoiler de la historia? están de novios hace más de dos años, con un emprendimiento juntos y un apodo que aumenta la glucosa en sangre: “nos decimos ‘porcosos’ porque ambos somos gorditos y ella cuando se avergüenza queda con la cara roja”.

Gwendoline Haar y Maximilian Aguilar mantuvieron una relación a distancia

Romántica geolocalización

¿Destino o casualidad? La estudiante Gwendoline Haar conoció a Maximilian Aguilar en un intercambio que hizo a Estados Unidos en 2015. “Me descargué Tinder para aprender el idioma y conocer gente, ese era mi objetivo”, resalta consciente de las vueltas de la vida. Ahí dio con el perfil de ‘Max’ y comenzó el flirteo virtual, un ritual que involucró innumerables videollamadas por Skype hasta concretar su salida al cine.

“A solo dos semanas de volver a Argentina, él me propuso que seamos novios y comenzamos una relación a distancia”, comenta Gwen, aclarando que la propuesta no fue nada romántica. Desde entonces, nuestra pareja decidió fijar reencuentros cada seis meses hasta que, en diciembre, optaron por dar el sí en el altar.

El algoritmo del corazón

Para encontrar compañía no existe una sola receta, aunque si se requiere del algoritmo adecuado y en el mercado las apps de citas (como Happn, Grindr y Badoo) ofrecen ser ese golpecito necesario para el match.

“¿Cuál es el sentido de aferrarse a viejas costumbres? Hay que romper con ciertas concepciones sociales que vienen de quién sabe dónde y aprovechar las oportunidades que tenemos. Ahora es mucho más simple encontrar a alguien que sea compatible con vos en todos los sentidos en vez de quedarte esperando a que la suerte te cruce con tu persona ideal en alguna plaza o bar”, explica Rocío Cardosa, project manager de la plataforma “Adoptá un Chico”.

Esta app es un perfecto guiño al consumismo actual y la liquidez de las relaciones. Y, en su aspecto gráfico, se identifica como un supermercado de citas donde las mujeres toman el poder del dating y agregan a su carrito de compras (en sentido literal y figurativo) a los hombres que les resulten más seductores.

Además, si ningún candidato lográ llamar nuestra atención, al menos nos queda el divertirnos con los curiosos parámetros de búsqueda del catálogo. Por ejemplo, el nivel de vellosidad (afeitado, barba de tres días, náufrago) del chico en cuestión, su lifestyle (sociable, bohemio, ninja) o su comida favorita.

Amor de screenshot

Congelada en su celular, la frase “tengo abstinencia de tu piel”, fue lo único que le quedó a la escritora Mercedes Baldelli como souvenir de una relación frustrada. En propias palabras, ella considera que sufrió lo que -en la jerga millennial- se denomina “flashear amor” (es decir, malinterpretar los dichos y acciones del otro).

Sobre esta cuestión la máster coach profesional Pía Andújar explica que -en este caso- en la comunicación juegan varios factores que exceden los meros intercambios textuales. “Nos comunicamos no solo con las palabras sino también con el cuerpo, con la emoción. Si todo el tiempo el contacto es virtual hay algo que falta. Me estoy perdiendo lo que pasa con la otra persona a nivel emocional y corporal y, quizás, hay una brecha bastante grande entre la idea que me hago y lo que al otro le está pasando”, asegura la profesional.

“Es curioso y trágico a la vez. Empezás a engancharte con los comentarios en stories de Instagram y poniendo ‘me gusta’ en las fotos. Siempre con una excusa a mano para hacerte presente. Al final, lográs mantener cadenas de chats ininterrumpidas pero eso no asegura ningún tipo de conexión profunda”, reflexiona Baldelli.

Sin embargo, aquel corazón roto también encontró consuelo vía virtual. ¿Su decisión? Enviar ese último mensaje a la cuenta de Instagram “Amor del 2000”: una página -con más de 158 mil seguidores- en la que los jóvenes envían sus conversaciones de WhatsApp para ser publicadas y evidenciar las flagelaciones afectivas modernas.

“Que loco el tiempo. Ayer salí con remera. Hoy con campera. Ojalá mañana salga con vos” y “Nos hablamos casi al mismo tiempo sin querer. Él por Instagram y yo por WhatsApp. Siento que en este siglo es casi como que nos hayamos casado”, son dos de las capturas más compartidas por los seguidores.

Sufrimiento en línea

El centro de la cuestión radica en la siguiente pregunta: con internet, ¿se torna más fácil escapar de las desilusiones amorosas? “Lo virtual y físico se complementan en ciertas reglas. En el amor online también tenés una responsabilidad afectiva de la que muchos no quieren hacerse cargo. Al ser sencillo desaparecer con una pantalla de por medio solemos creer que no existe una sensibilidad compartida”, afirma Baldelli.

Al parecer el amor no es perfecto, y si el Cupido analógico tiende a fallar en su puntería, queda en nosotros saber evadir las balas del rechazo y los candidatos errados hasta que aparezca la pareja indicada. “Es como en la película ‘Cuando Harry conoció a Sally’. Cuando te das cuenta que querés pasar el resto de tu vida con alguien, querés que el resto de tu vida comience lo antes posible”, contesta Adrián por mensaje de texto. Aunque aún así, Diana no para de sonreír. (Por Guadalupe Norte)

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