“Ya no sirve hablar en términos de macrismo o kirchnerismo”

El analista político Sergio Berensztein opinó que hubo un giro pragmático en ambos bandos.

15 Jun 2019

En su opinión, la grieta dura ya no existe. Y eso está demostrado con el comportamiento que se observa en Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner. Hasta tal punto, que Sergio Berensztein, el analista político, sostiene que ya cabe hablar en términos de la “posgrieta”. El Presidente de la Nación eligió a un peronista para que lo acompañe en la fórmula. La senadora, a su vez, abandonó el enfrentamiento y cedió lugares para que un negociador encabezara la fórmula que ella también integra. En una entrevista concedida a LA GACETA, Berensztein señala, además, que la oferta electoral para las PASO y para las presidenciales de octubre es tan amplia que “les ha dado una paleta de matices ideológicos muy amplio a los argentinos”.

-¿Qué llevó a Macri a elegir a un peronista como compañero de fórmula y qué motivó a Cristina para que cediera poder?

-Hay una autocrítica muy fuerte y significativa por parte del Presidente de la Nación, que descubrió que no podía continuar con la dinámica de un Gobierno aislado del entorno político, porque esa conducta lo autolimita en su capacidad de transitar por ese mundo político actual. Todo esto se dio en un contexto en el que la polarización lo llevaba claramente a una situación compleja en el que hasta una tercera fuerza podía capitalizar esa dinámica. Entonces, el Gobierno nacional reacciona a la designación de Cristina a la fórmula Fernández de posgrieta con una alianza también de posgrieta. Gane quien gane las próximas elecciones, las dos fuerzas abandonarán sus posturas de enfrentamiento y de radicalización y apuntan a contar con modos y comportamientos propios de la política tradicional, a una manera distinta de construir a las que estaban, curiosamente, impulsando tanto Cristina como Macri. Por ejemplo, la senadora construía sobre la base de Unidad Ciudadana, de Unidos y Organizados, de los movimientos sociales y de fuerzas de izquierda en contra del aparato peronista. Y Macri, a su vez, lo hacía en contra de lo tradicional, de la rosca, de los Monzó.

-¿Y qué pasó?

-Cristina Fernández termina designando al candidato más crítico y diferente a la radicalización que le había impuesto a su gestión, como Alberto Fernández, y Macri, a su vez, opta por uno de los exponentes más tradicionales de la rosca: el senador peronista Miguel Pichetto que, en suma, es un (Emilio) Monzó a la enésima potencia. Esto representa un giro pragmático en ambos y el abandono de posturas principistas que confluyen en lo que denominaría una reivindicación del centro que venía siendo personalizada por Roberto Lavagna y por Juan Manuel Urtubey. Hoy aquellas dos fuerzas parecen dominar la centroderecha y la centroizquierda, a la chilena. Y esto le puede dar a la política argentina una dinámica de estabilidad y de previsión hacia el futuro que, hasta hace poco tiempo, era impensado.

-¿Cómo puede interpretarse la reacción de los mercados luego de que Macri se decidiera por Pichetto como compañero de fórmula?

-Lo que en realidad valora el mercado es el gesto de autocrítica y de previsibilidad y eclecticismo de Macri. Eso es más importante ahora. No es algo menor porque pone de manifiesto que el mercado mira más allá de las elecciones. Pichetto no es una persona que tenga gran arrastre en la opinión pública y realmente mueva masas. Pero Alberto Fernández tampoco tiene esa impronta. Son señales de moderación de Cristina y del propio Macri. No tiene que ver con lo electoral, sino lo que puede implicar para después de las elecciones. Alberto Fernández posibilita un espacio de diálogo y de consensos. Pichetto, a su vez, genera gestos de gobernabilidad y de buen vínculo con los gobernadores de las provincias.

-¿Cómo participan los gobernadores en este proceso?

-Estamos en otra etapa; ya no sirve mirar en términos de macrismo y de kirchnerismo. Esta última fuerza hoy abrazó al Partido Justicialista, con lo que ese partido retoma protagonismo. Cristina es parte de eso, pero no el todo. El nombre del espacio es muy significativo (Frente de Todos). Allí confluyen la senadora, Sergio Massa, Alberto Fernández, el propio Juan Manzur y los sindicalistas que estaban hace poco pegados a Lavagna. Si ganan las elecciones, la apertura será mayor. Entonces ya no es el partido de Cristina, sino Cristina dentro del partido. Eso no es una diferencia menor. Ella cede la pelea por la Presidencia sabiendo que esa presidencia es fundamental como institución en la Argentina.

-¿Cree que el radicalismo cedió todo tipo de protagonismo?

-No. Para nada. No sólo no pasó eso, sino que es la fuerza que más hizo para que Pichetto integrara la fórmula con Macri. Hay que pensar, por mencionar a algunos, en la figura de Ernesto Sanz en ese proceso de construcción diferente.

-A partir de este nuevo escenario, ¿se pueden proyectar resultados?

-Hay que esperar a ver cómo reacciona la opinión pública. No se pueden aventurar pronósticos. Hoy hay siete frentes electorales, con dos coaliciones muy importantes. Está Juntos por el Cambio, también Frente de Todos, Consenso Federal, dos alianzas de extrema izquierda y dos de la derecha. Si mirás todo eso, en conjunto podemos decir que representan la diversidad de voces y de matices de la sociedad argentina. Hay dos fuerzas que dominan. ¿Podrá haber sorpresas? No hay que descartarlas; hay que ver cómo reacciona la opinión pública. Hay para todos los gustos y esto es lo raro.

-¿Por qué?

-Porque la oferta política le ha dado a la sociedad argentina una paleta de opciones y de matices para que todo el mundo diga, este tipo más o menos me representa.

-¿Se está construyendo otra forma de hacer política?

-Los dos elementos más importantes de las elecciones que se vienen es lo que no pasó en la Argentina. No tuvimos “Bolsonaros”, a pesar de que solamente un 30 y pico de votantes dice que cree que la democracia funciona bien y los dos tercios restantes que no. No hay ningún acto que reivindique el liderazgo intersistémico. No hay (Donald) Trump, ni Podemos. Lo segundo es que tampoco hay candidatos que puedan considerase cisnes negros. Ni Marcelo Tinelli ni Facundo Manes han asumido roles protagónicos, como muchos pensaban. El liderazgo es de los políticos tradicionales y no hay outsiders.

-¿Qué sería lo aconsejable que pasara en la Argentina?

-Que se fortalezca la democracia y que responda a la demanda de la ciudadanía. También que haya un plan estratégico de desarrollo acordado entre las distintas fuerzas, un consenso de políticas de Estado, en el que la moderación y el pragmatismo tengan roles de significancia para llegar a un verdadero acuerdo. Hace mucho que el centro no tenía un rol tan preponderante en la Argentina.

Competitividad

La decisión más acertada

En un relevamiento realizado por la consultora D’Alessio Irol-Berensztein entre 500 personas, el 48% consideró acertado que Mauricio Macri le ofreciera la candidatura de vice de Miguel Ángel Pichetto, mientras que el 45% manifestó lo mismo respecto a la postulación de Alberto Fernández para encabezar la fórmula junto a Cristina Fernández de Kirchner. Entre quienes votaron a Cambiemos, el 81% vio positivo que se sumara al senador justicialista al espacio y el 11% respaldó la fórmula Fernández-Fernández. De quienes sufragaron a favor del FpV, el 80% apoyó la candidatura de Fernández y el 13% consideró acertado lo de Pichetto.

Rendimiento

Cuál es el efecto neto

En el mismo relevamiento realizado por la consultora D’Alessio Irol-Berensztein, se les consultó a los participantes del sondeo cómo influye la inclusión de Pichetto en su decisión de votar a Macri. Del total, el 16% dijo que le incrementa las ganas de votarlo; el 30% que no cambia; el 9% que disminuye sus ganas; el 44% que no iba a votarlo de todas maneras; y el 1% que no sabe. De quienes votaron Cambiemos, el 26% dijo que aumentó sus ganas de votar a Macri; y el 50% que lo iba a votar igual. De quienes votaron al FpV, el 7% dijo que aumenta sus ganas de votarlo; el 8% que lo iba a votar igual; el 7% que disminuye sus ganas de votarlo; y que el 78% que no iba a votarlo.

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