Los librojuegos te dan la aventura, vos ponés el final

Según las decisiones que tomes, estos libros interactivos te conducen a finales disímiles. El poder de decisión es solamente tuyo.

12 Jul 2019

Es una advertencia y, a la vez, una metáfora para la vida. “Tus aventuras serán el resultado de las elecciones que tomes”, cita la desgastada contratapa. Una tentación que es imposible resistir y hace que la curiosidad se agazape sobre el estante de la biblioteca.

Al sacar el libro su nombre se deja ver y, al instante, la memoria de toda una generación de niños -entre los años ‘80 y ‘90- cobran vida: “Elige tu propia aventura”, invitan desafiantes las letras en resaltado rojo.

¿Ustedes los recuerdan? Conocidos como librojuegos, estos libros de corta lectura permitían vivir las más extremas peripecias en un día y con un formato que catalogó a sus autores -entre ellos, Edward Packard y R. A. Montgomery- como escritores disruptivos para la época.

En efecto, la colección (90 títulos en total) tenía una consigna clara: nunca debías leer el libro de principio a fin sino que, por el contrario, había determinadas partes en la trama donde el lector debía escoger su camino y acciones a tomar, cambiando según su opción, el desenlace de la historia.

la gaceta / fotos de Ines Quinteros Orio

Descubrir casas embrujadas, escapar de monstruos mitológicos, evitar ser comidos por dinosaurios en un viaje hacia el pasado o visitar las pirámides de Egipto para hallar tesoros milenarios… sin importar la hazaña vos eras el protagonista y tus decisiones la cruz que podría catapultarte hasta los finales más inciertos.

Al recordar las aventuras trazadas en aquellas páginas, Agustín Viejobueno siente nostalgia por aquellos librojuegos que lograron capturar su gusto por la historia y los encuentros sobrenaturales.

“Viendo hacia atrás, su aspecto lúdico hacía a ‘Elige tu propia aventura’ distinto a cualquier libro. La posibilidad de elegir el camino que quieras tomar le daba un componente de juego que sumaba muchísimo -reflexiona al recordar sus intentos por no hacer trampa y desviar la mirada a los otros capítulos-. Recuerdo a algunos amigos que no les gustaba leer nada y se enganchaban con esos libros. Era más jugar que leer”.

la gaceta / fotos de Ines Quinteros Orio

Ávido lector desde los ocho años, Agustín todavía recuerda “La carrera interminable”, primer libro que le regalaron de la colección. “La temática era una especie de rally donde vos elegías el auto y a tu copiloto. Para un chico de ocho años eso era bastante raro y te divertías mucho”, comenta Agustín, quien pasó de conducir por los áridos suelos y los delgados ríos de África a matar vampiros en los Montes Cárpatos.

Con una diferencia de un par de años, Germán Miroli también rememora la época en que debía compartir los tomos con sus tres hermanos y sortear la intriga que ofrecía las 15 soluciones finales. “En mi caso, era una lectura muy individual y no podíamos comentar los finales porque siempre había uno que aún no había leído el libro -explica el diseñador gráfico-. Ese spoiler seguramente iba a terminar en alguna gresca y con el libro incautado”.

En resumen, para estos dos lectores, “Elige tu propia aventura” ofrecía un ticket sin regreso hacia la creatividad. Esa misma que le permitió a Germán construir su propia relato. “Era un partido de fútbol y en base a tus elecciones, podías llegar a salir campeón o que te hagan un gol”, rememora el diseñador gráfico sobre aquel proyecto olvidado por la mitad.

“Más allá de un simple libro, la colección es un objeto de la infancia que recuerdo con mucho cariño. Elige tu propia aventura te permitían jugar con diferentes mundos y usar tu creatividad”, añade Agustín, quien aún conserva en su biblioteca 20 títulos de la serie. Sin que le importe el estado de las tapas, parchadas con cinta, ni las marcas de lápiz para volver hacía atrás.

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