Juegos Panamericanos: alegría sí, euforia no

La cosecha argentina en la cita peruana merece un aplauso. Ante lo logrado, queda el mérito de lo sembrado, pero también preguntas a futuro que sólo el tiempo responderá.

12 Ago 2019

Por Sebastián Fest

Especial para LG DEPORTIVA

Antes que nada: ¡qué disfrute ver tantos triunfos argentinos en los Juegos Panamericanos que se clausuraron ayer en Lima! Oros, platas y bronces esperados, pero muchos inesperados. Cuando más de 500 deportistas van a un macroevento a representar al país y las cosas salen tan bien, la alegría es la reacción más esperable y humana.

Pero la alegría no debe hacer creer cosas que no son, y en ese sentido, estos Juegos dejaron muchos temas para la reflexión. Preguntas, preguntas y preguntas para mantener la alegría y evitar la euforia.

¿Son los resultados de estos Juegos una medida de cara a Tokio 2020? No, porque tanto Estados Unidos, como Canadá y Brasil fueron a Lima con delegaciones lejanas a su máximo potencial. Y no, también, porque los Juegos Olímpicos son otra liga, una dimensión absolutamente superior. Lo que no quiere decir que haya que mirar la cita japonesa con desconfianza: algo de lo bueno hecho en Lima tendrá sus efectos allí, sin dudas.

¿Por qué hubo tan buenos resultados si el presupuesto de la Secretaría (hoy Agencia) de Deportes se vino reduciendo en los últimos años? Primera y obvia respuesta: porque la cosecha de hoy es el resultado de lo que se sembró años atrás. Hace diez años y hace cinco, pero también hace dos. Siempre es así en el deporte. Segunda y no tan obvia respuesta: quizás sea hora de comenzar a pensar qué (y cómo) se financia en el deporte con el dinero de todos los argentinos. Porque la promoción del deporte es muy beneficiosa para la sociedad, sí, pero hay gente que legítimamente piensa que los 1.000 millones de pesos anuales deberían destinarse a otros asuntos de urgencia social. Como siempre, no se puede vivir en el blanco y el negro. Hay grises. Y entre los grises está el sistema que rige hoy, que divide entre aficionados y alto rendimiento sin contar con una clara definición que establezca quién es quién. Divide artificialmente, genera injusticias y lleva a un gasto altamente ineficiente. Un gasto que no es alto: se habla de 22 millones de dólares, devaluación mediante, 50 menos que hace dos años. Está claro que el sistema no tiene recorrido. Un país como la Argentina tiene que disponer de mucho más dinero para impulsar al deporte, pero no se puede mirar siempre hacia el Estado para lograrlo. Reflexionar, debatir y acordar sin dogmas sería el inicio de una solución.

¿Está en peligro el deporte argentino? En medio de la campaña electoral circularon dos afirmaciones: el gobierno cerró el Cenard y el gobierno dejó de aportarle dinero al deporte al anular el impuesto del uno por ciento a la telefonía celular. Las dos afirmaciones entran en la categoría de “fake news”. Pero circulan y circulan hasta generar la falsa impresión de que la breve gestión de Diógenes de Urquiza está laminando al deporte nacional.

¿Es el de la Argentina un caso especial? No, en casi todos los países hay tensiones entre la estructura gubernamental dedicada al deporte y el Comité Olímpico local. Y eso que en la Argentina hay una experiencia muy interesante, la del Enard (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo) en el que gobierno y COA unen fuerzas.

A muchos les sonará el nombre de Fernando Palomo, el gran relator y comentarista deportivo de ESPN. Salvadoreño, Fernando es hermano de un Palomo menos conocido, Eduardo, el presidente del comité olímpico de su país. El Salvador logró en Lima la mejor cosecha de oros de su historia, tres, pero en el país hay disputas y tensiones con el gobierno de Nayib Bukele, el primer presidente de la historia en gobernar vía Twitter. Yamil, hermano del presidente, es el De Urquiza salvadoreño, y en el final de los Juegos atacó con dureza al menos famoso de los Palomo. Como se ve, ni en el momento de éxito hay paz en el deporte.

Lima ya es historia y se perfila Santiago 2023. Cuando esos Juegos en Chile se disputen, la Argentina volverá a estar en medio de la definición de una elección presidencial. Lo mejor que podría pasarle al deporte argentino es que, dentro de cuatro años, las preguntas y las disputas no sean las mismas de hoy. Y entretanto, celebrar un dato de impacto: hasta el final de los Juegos, Argentina le disputó el quinto lugar en el medallero a Cuba, el país en el que el deporte es incluso más que política de Estado. Para el aplauso.

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