Del ring raje al meme: ¿cómo cambiaron nuestras bromas?

Antes del celular, los chistes telefónicos y los “chascos” eran un modo de matar el aburrimiento. El humor en el escenario también cambió

16 Ago 2019

Cada vez que Gabriel Suárez se acercaba a una puerta la adrenalina se expandía como líquido sobre su cuerpo. Y aunque su contextura física le impedía correr más de cinco cuadras sin agitarse, en momentos así sentía que estaba listo hasta para un maratón.

Era casi una cuestión de honor y no podía fallar en su tarea. Entonces, hundía con total fiereza el dedo sobre el timbre hasta el fondo. “Dale, apurate”, secundaban sus amigos y así Gabriel salía echando chispas por la calle. “Nunca me voy a olvidar del histórico ring raje y las bromas telefónicas. Buscábamos cualquier apellido en la guía y lo acribillábamos con pedidos al delivery”, comenta sin sentir culpa por aquellas vecinas que fueron víctimas de sus bromas infantiles.

¿Ustedes lo recuerdan? En tiempos previos a la masividad de la tecnología, el aburrimiento era un monstruo hostil que podía ser combatido con un poco de ingenio y de picardía. Sin que nadie nos pasara la receta aprendimos varios recursos para evitar el tedio de las tardes. Algunos eran tan inocentes como escribir en un auto sucio el clásico “lávame”, pero otros requerían de inversiones económicas.

En la primera cuadra de la calle Ayacucho, un pequeño local -mitad regalería y mitad tienda de bromas y de magia- ofrece los últimos indicios de estos recuerdos. “Birli Birloque” narra el cartel a modo de palabras mágicas y sin quererlo ya estamos dentro de un mundo de añoranza.

“Antes los chicos gastaban bastante dinero en bromas y venían emocionados con otros amigos. En comparación a esos días ahora se venden menos productos, pero todavía hay adultos o jóvenes que buscan este tipo de diversión”, comenta José Rubio dueño del local (último en su especie).

JOSÉ RUBIO. Hace 16 años que es dueño de la tienda de bromas y magia. LA GACETA / FOTO DE PABLO SÁNCHEZ NOLI.-

Sin embargo, las ganas de reír siguen impregnando las paredes del local y en los exhibidores podemos ver todo tipo de objetos que dan pequeños choques eléctricos (celulares, chicles, latas de gaseosas), bolsas de polvo pica pica, sangre falsa, cigarrillos explosivos y alimentos extremadamente picantes o con gusto desagradable.

Reír con tonada

Ni bien agarrás el micrófono el tiempo empieza a correr. Frente a vos está el público y tu objetivo es coleccionar aplausos genuinos. Así son los espectáculos de stand up que -desde hace varios años- forman parte del menú humorístico tucumano. Al igual que otros shows donde prima la comedia, podría decirse que el “humor” es un espacio que evoluciona en paralelo con los cambios culturales.

“Si pensamos en grandes capocómicos o en mis propios sketches antes había chistes que tenían una perspectiva de género que hoy rechazaría y que la gente tampoco recibiría de buena forma. Actualmente la base del humor está en hablar de uno mismo (y los conflictos personales) desde un lugar vulnerable y buscando la empatía con el público”, comenta Hugo Rosas, comediante radial en LV12 y uno de los creadores de Tucson Comedy (escuela de stand up). “En este tiempo hubo muchos cambios positivos en el humor. En mi caso, me crié con chistes sobre la sexualidad y la mujer. Esas bromas no son buenas y no aportan a la convivencia y a la paz”, reflexiona el humorista Miguel Martín.

Además, estos especialistas de las carcajadas concuerdan en que la comicidad norteña pasa por reírnos de nosotros mismos y recurrir a apodos con un buen remate.

Risas escolares

Al tocar el timbre del recreo, los alumnos del secundario también suelen hacer de las suyas. “Una vez mis estudiantes cambiaron de lugar todos los bancos y el pizarrón para ubicar el aula al revés. Estuve dando las clases así por unos tres días”, recuerda divertida Alejandra Combes, profesora de inglés del colegio Nueva América.

Y si se trata de inventivas para hacer “renegar” a la maestra, la lista continúa. “Como en verano hacía mucho calor se nos ocurrió crear bombuchas caseras. Llenábamos con agua las bolsas del súper y las tirábamos desde el segundo piso”, confiesa Nazul Nuñez, estudiante de la Escuela Normal Juan Bautista Alberdi.

“Hay algunas bromas bastante asquerosas como hacen cerbatanas con papelitos y saliva -comenta Romina, secretaria de un colegio secundario. Luego hace una pausa, algo vino a su memoria-. No sé cómo hacen pero a veces pegar avioncitos en el techo del aula. Incluso una vez los tiraron con fuego...”.

Dato aparte es el temido mes de septiembre. “Con el Día del Estudiante hay una especie de despertar y ya aparecen los raspafósforos y las explosiones de petardos en los baños”, añade.

El meme de tu vida

Con las redes sociales un nuevo ingrediente se suma a la fórmula: los memes. Para algunos usuarios son simple trash de internet pero para otros representan piezas de humor gráfico siempre a punto caramelo.

“Hacer un buen meme es arte -afirma Braulio Luna, quien es descripto por sus amigos como un memólogo de gran potencial-. Creo que el humor te ayuda a sobrellevar los problemas. Eso no quiere decir que no duelan pero es una forma que tenemos los argentinos de salir adelante”. Entonces, ¿por qué no sonreír?

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