A 10 años de la muerte de Tomás Eloy Martínez

“Era el mejor de todos nosotros”. La frase es de Gabriel García Márquez y se refiere al escritor y periodista tucumano.

26 Ene 2020

Por Carmen Perilli

Para LA GACETA - TUCUMAN

Las ficciones de Tomás Eloy Martínez trabajan con dos gestos, la noticia y el mito. Proponen un diálogo entre la memoria y el olvido, la vida y la muerte, la historia y el mito. Después de las primeras poesías, Sagrado rescata la memoria de un Tucumán mitológico, donde el tiempo se transforma en quietud y las voces de las tías en susurros detrás de los visillos. El autor considera este libro “una ceremonia de fricción y deliberado desencuentro con todo lo que yo llevaba en mí, o más bien, con lo que yo era: el periodista, el investigador de las crónicas de Indias, el crítico de la literatura latinoamericana”.

Años más tarde aparecerá La mano del amo, una novela donde el escritor se transforma en sociólogo del imaginario provincial. Carmona vive oprimido en un mundo donde lo familiar es siniestro, separado del resto del mundo por una herida, la Zanja de Alsina. Estas novelas pueden ser leídas en contrapunto, en el pasaje de un universo hierático a la esperpéntica representación de un drama.

El periodismo y la literatura

El periodismo y la literatura se alimentan mutuamente. Tomás no sutura ni homogeneiza las palabras de los otros, las deja en libertad. Sus novelas más importantes surgen a lo largo de muchos años de investigación. En ellas explora lo que llama el “sueño argentino”, “el lugar común, la muerte”, obsesiones de un imaginario nacional. La novela de Perón es la respuesta literaria a Las memorias de Juan Perón recogidas en el semanario Panorama. Un libro polemiza con el otro, lo hace desde la imaginación. La novela se construye con todas las versiones y se abre a múltiples significaciones. En el espacio narrativo hay dos géneros en juego: la ficción y el testimonio. El uso del “de” en el título es ambiguo. Como posesivo funda un simulacro de propiedad que parece eludir el nombre del autor sustituyéndolo por el del personaje. Hay al menos tres posibilidades: la biografía, la autobiografía y el mito. El escritor pasa de mediador a autor. Dramatiza el encuentro entre dos figuraciones de periodistas: Zamora y Tomás Eloy Martínez. Este último afirma: “Por una vez quiero ser el personaje principal de mi vida. No sé cómo. Quiero contar lo no escrito, limpiarme de lo no contado, desarmarme de la historia para poder armarme al fin con la verdad”.

A LA PAR. Tomás EloyCon García Márquez en Cartagena de Indias.

Santa Evita y El cantor de tango

Santa Evita es una biografía y una tanatografía. En el centro de la novela está la muerte, un cadáver multiplicado en textos y cuerpos. Desde la Eva-muñeca de Borges en El Simulacro hasta la fascinante protagonista de la ópera de Tim Rice y Andrew Lloyd Weber o la figura travestida en Copi. Pero sobre todo Esa Mujer, de Rodolfo Walsh. Las historias se mezclan: la de Eva, la de su cadáver, la del militar Moori Koenig y la de Tomás Eloy Martínez.

El narrador nos dice: “Acumulé ríos de fichas y relatos que podrían llenar todos los espacios inexplicados de lo que, después, iba a ser mi novela. Por ahí los dejé, saliéndose de la historia, porque yo amo los espacios inexplicados”. Y en ese inacabamiento está la autonomía del texto que se rehace en cada lectura.

Las últimas novelas han tomado diferentes caminos. El vuelo de la reina es la historia de la obsesión de Camargo, especie de Citizen Kane, poderoso editor, que convierte las pasiones y las acciones en formas de poder en un país desmantelado por el neoliberalismo. La historia está escrita desde el final como relato policial, entretejido con filmes de los años cincuenta. Además de los recuerdos del protagonista -la infancia tucumana y la adolescencia porteña-, la acción se sitúa en tres tiempos: 1997, 2000 y 2003.

El cantor de tango, de enigmático título, es una novela de búsqueda. No sólo del crítico norteamericano y del cantor sino del autor y del lector. La exploración admite varios planos: la persecución del cantor y el encuentro con la ciudad que es una y muchas ciudades, las de la historia y las de la literatura. La escritura dibuja la ciudad dentro de la ciudad, repone la historia. “Sólo una ciudad que ha renegado tanto de la belleza puede tener, ante la adversidad, una belleza tan sobrecogedora”. En todos estos alucinantes relatos hay un elemento común, la muerte impune.

Ficciones verdaderas

Tomás Eloy Martínez se refiere a su proyecto literario como “un acto de pequeña audacia: quisiera convertir el presente en una fábula, dentro de la cual los personajes históricos pueden establecer una relación dialéctica con la imaginación. Procuro, como ya he dicho, que mis textos sigan escribiéndose en la realidad, que sean ficciones no clausuradas”.

El tucumano construye un espacio de encuentro entre los discursos de la cultura “ilustrada” y la cultura masiva y popular. Preserva intacta la seducción de géneros como el folletín, el policial y la crónica, la aprovecha para abrir una grieta dando vuelta significaciones, armando metáforas que los expanden más allá de sus límites y los dotan de la sutil materialidad de la literatura.

© LA GACETA

Carmen Perilli - Doctora en Letras, especialista en Literatura Hispanoamericana. Compiladora de Relatos infieles. Tomás Eloy Martínez (Edunt). Tuvo a su cargo la edición de El sueño argentino, de Tomás Eloy Martínez (Planeta).

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