El maestro wichi que fue noticia nacional no tiene trabajo como docente de nivel inicial

Elerio María contó a LA GACETA que, si bien no está desocupado, no consigue trabajo en Educación. La situación es similar para más de 30 de sus compañeros que egresaron con él.

19 Feb 2020

“Tengo 31 años y la vida como aborigen de pueblo originario es muy difícil”, es lo primero que dice Elerio María a LA GACETA en una conversación que duró más de media hora. Habló sobre la diferencia de la cultura wichi “con la blanca”, el esfuerzo de  su mamá y sus abuelos para que él y sus cinco hermanos estudien y sobre la desnutrición: “el Gobierno manda bolsones alimentarios y planes sociales pero, a la larga, sin educación, se mantiene todo igual”, asegura.

Elerio fue noticia a nivel nacional porque, según se publicó, se convirtió en el primer maestro de jardín wichi y entraría a trabajar en una escuela. Pero, según explicó a LA GACETA, él y otros 30 compañeros egresados en 2018, todavía no tienen esa oportunidad.

Con ritmo pausado y eligiendo las palabras, Elerio describió cómo es vivir en un pueblo originario en el norte del país, en donde la fronteras entre Paraguay y Bolivia se desvanecen y la ciudad salteña más cercana queda a 70km.

“Mi abuelo fue el apoyo fundamental en el transcurso de mis años”

¿Cómo fue tu infancia y cómo se conforma tu familia?

Yo vengo de una cultura muy diferente a la blanca pero gracias a mi familia y mis abuelos que me criaron, José María y Lorenzo Matilde, tuve la oportunidad de estudiar. Lo hice en la escuela de Alto la Sierra y mi abuelo fue el apoyo fundamental en el transcurso de mis años. Él es como mi papá porque mi mamá fue madre soltera y mis abuelos me criaron.

Mi abuelo trabajaba en la cosecha de caña de azúcar y viajaba todo el tiempo, era trabajador golondrina en Ledesma. Luego tuvo la posibilidad de ingresar como personal de limpieza en el hospital y ahora tiene más de 25 años de servicio y está a punto de jubilarse. Él nos decía siempre que el estudio era la base para salir de la situación difícil en la que vivimos los originarios. “Andá a estudiar que ahí vas a poder lograr cosas nuevas”, decía. Hablar de él me emociona mucho, ahora cumple 70 años y sigue trabajando, peleándola.

Acá en la comunidad todos vivimos en lo que llamamos “el seno familiar”: padres, hermanos, esposas e hijos. Convivimos todos en la casa.

“Voy y vengo de mi trabajo a la comunidad donde vivo en moto, son como dos horas”

¿En qué estás trabajando?

En este último tiempo trabajé en una escuela que se llama Paraje Campo Largo Nº 4122 que queda a 31km de Alto la Sierra. También en la Nº 4611, Paraje Chañares Altos, a 55km. Voy y vengo de mi trabajo a la comunidad donde vivo en moto, son como dos horas. Ahí trabajo enseñando huertas como técnico agropecuario. El ministerio siempre facilitó las capacitaciones y fui estudiando también eso.

“De 38 egresados del terciario de formación docente de Santa Victoria Este solo 6 pudieron entrar a trabajar pero tuvieron que trasladarse”

¿Por qué elegiste estudiar para maestro de nivel inicial? ¿En qué te gustaría trabajar?

Quiero ser docente de nivel inicial. Agradezco mi trabajo pero me gustaría trabajar en la carrera que elegí porque voy a poder ayudar más a los chicos indígenas y no tan solo a ellos, por eso decidí formarme como educador de nivel inicial. Ahora que tengo el título espero que el gobierno vea la parte de educación.

Éramos 38 egresados del terciario de formación docente de Santa Victoria Este. De ese grupo solo 5 o 6 chicos pudieron entrar a trabajar pero tuvieron que trasladarse a otros departamentos porque no quedan lugares vacantes en la zona. Muchos de ese grupo somos de varias comunidades como Santa María, Misión La Gracias, La Puntana, La Merced. Todos estamos sin trabajo.

Nos recibimos en 2018 en realidad y el título recién nos lo dieron en 2019 por problemas de trámites. Son muchos factores por los cuales no tenemos trabajo pero por ahora no podemos entrar al sistema y no hay cargos en la zona.

Otra de las personas importantes en mi vida es mi maestro bilingüe, Julio Díaz, que está por jubilarse. Como vive en mi comunidad tenemos una buena relación y él también me incentivó mucho para que estudie.

“Cursaba a la noche, a 70km de la comunidad donde vivo. Iba y volvía en moto durante la noche. Lo hice durante cuatro años”.

¿Cómo hiciste tu carrera?

El sostén económico era yo, por lo que trabajaba a la mañana y, a la noche cuando cursaba hacía los 70km a la escuela terciaria en moto. Lo hice durante cuatro años. Las clases empezaban a las siete de la tarde y terminaban a las once, doce de la noche, de lunes a viernes.

Mi esposa, Tatiana Pereyra, y mis dos hijos fueron el motor para que estudie porque no quiero ver a mis hijos sufrir como yo he sufrido en mi infancia o niñez y dije: tengo y salir a estudiar por mis hijos también. Uno de mis hijos, José Isaías, el más grande ingresa ahora a la sala de 5 y el otro, N'hoyen Ebrain tiene un año y dos meses.

Elerio María, IMAGEN GENTILEZA PARA LA GACETA

“Hemos estado siempre en total abandono”

¿Cómo viven ustedes la situación sanitaria en su comunidad, tan ligada a la desnutrición infantil?

Es muy triste y a la vez da pena porque es una injusticia social. Es lamentable que haya tanta desigualdad en Santa Victoria Este. Hemos estado siempre en total abandono mucho abandono. Tanto el Gobierno Provincial como el Municipal nunca dieron una mirada más profunda.

En la localidad de Alto la Sierra hay un hospital base. Hace una semana llevé a mi hijo porque estaba deshidratado. Si bien había elementos para asistirlo no había persona: faltan enfermeros y médicos especializados. No hay pediatras ni ginecólogos. Hay un solo médico que trata a los niños, abuelos y mujeres.   

“Hace poco fueron a atender a un grupo y una chica se abrazaba a su hijo y no quería que los médicos se lo lleven porque entendía lo que iban a hacer los médicos. Nos faltan interlocutores indígenas y nosotros estamos capacitados para eso”.

¿Cuál sería la solución al respecto del tema de Salud?

Creo que no hay educación sanitaria. Si el Gobierno manda millones de pesos pero no educa, no se podrán mejorar las cosas. Muchas veces el gobierno manda bolsones alimentarios y planes sociales pero a la larga, sin educación se mantiene todo igual.

El habla es muy diferente y nos cuesta un montón muchas veces, sobre todo en las charlas. También el tema de la comidas es diferentes. Pero lo que más cuesta es que nosotros, como pueblo originario, somos muy pasivos y tranquilos. No andamos acelerados y a la gente blanca les cuesta aceptarnos. Todo quieren rápido y nosotros somos más de dialogar, escuchar e ir razonando.

Cuando el gobierno manda médicos pediatras o grupos sanitarios, chocan muchas veces en su encuentro con las comunidades. Los originarios se intimidan con los médicos.

Hace poco fueron a atender a un grupo y una chica se abrazaba a su hijo y no quería que los médicos se lo lleven o revisen. No entendía lo que iban a hacer los médicos. Nos faltan interlocutores indígenas y nosotros estamos capacitados para eso. Sin interlocutores es difícil por más voluntad con la que vengan los médicos. Una chica de una comunidad no va a entender. Se debe rever la interculturalidad. Si se pusieran las pilas nos llegaríamos a conocer más para buscar una solución. Ahí está el problema.

“Tenemos un solo pozo de agua desde que tengo uso de razón que abastece a más de 5.000 habitantes y el pueblo se va agrandando”

¿Y cuál es la situación con respecto al agua?

Estamos sufriendo un montón cuando hace calor. Tenemos un solo pozo desde que tengo uso de razón que abastece a más de 5.000 habitantes y el pueblo se va agrandando. Llega gente de los parajes y se asienta ahí. A veces se corta la luz, se quema la bomba y no hay agua por días. Hay mucho para hacer al respecto. Tambien con los caminos que con las lluvias nos dejan aislados e inundados.

“En Alto la Sierra tenemos mucho alcoholismo, drogas y tabaquismo en chicos jóvenes”

¿Cómo te imaginás a la comunidad de Alto la Sierra en unos años?

¡Ah! Se pueden imaginar muchas cosas. En Alto la Sierra tenemos mucho alcoholismo, drogas y tabaquismo en chicos jóvenes. Quisiera ver a mis hijos más grandes en una comunidad con un Estado presente, regulando las normas, controlando la venta de bebidas alcohólicas. Necesitamos la presencia del Estado, básicamente.

Alto la Sierra es un pueblo hermoso y los invito a todos que vengan y lo conozcan. Tenemos lugares turísticos para mostrar pero necesitamos que el Gobierno nos apoye y nos dé la posibilidad de acompañar a los chicos para que crezcan en una comunidad tranquila en donde la gente se respete.

Con respecto a mis hijos, quiero que sean un defensor más en la lucha indígena.

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