“Mi esperanza es que hayan aprendido de la experiencia europea”

Milagro Montero, la doctora tucumana que coordina la estrategia contra el coronavirus en el Hospital del Mar de Barcelona, cuenta cómo es estar en la primera línea de batalla.

05 Abr 2020

Exactamente a las cuatro de la tarde, hora de España, la doctora María Milagro Montero contesta una videollamada mientras atraviesa el corredor de un hospital, abre y cierra tras de sí una puerta cuyas bisagras rechinan, se desploma sobre una silla y con la mano que no carga el celular se quita primero el barbijo, se la pasa después por la frente y se sostiene finalmente la cabeza, con su codo apoyado sobre un escritorio. "Uffff", suspira. Se siente completamente cansada. Infectóloga, médica del servicio de infecciones del hospital del Mar de Barcelona, investigadora y profesora titular de la Universidad Autónoma de esa ciudad, coordina la estrategia contra el coronavirus en ese hospital. El 13 de marzo, ella y el resto de los coordinadores y médicos atendían una veintena de pacientes covid, como los llaman. Han transcurrido 25 días y atienden unos 800, entre internados y ambulatorios. "Estamos devastados. Devasta la incertidumbre. Devasta no saber cuándo va a parar esto", dice.

Arrastrada de aquí para allá por los casos más graves, cada tanto grita "¡vale! ¡vale!" u otros modismos de los españoles. Sin embargo, es tucumana. Se fue a los veintipico, tras haberse graduado en la facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán. Hoy, a sus 45 años el destino la puso en la primera línea de una trinchera que jamás hubiese imaginado. Quiénes se dedican a las enfermedades infecciosas, ¿habían supuesto algún día una situación así? "No. En absoluto. Hemos tenido momentos importantes, como con la gripe A y el Sida. Pero jamás algo de esta magnitud", contesta.

De su compañero y sus hijos, una niña de 12 y un niño de cinco años, se ha distanciado dos semanas atrás, cuando se mudó a un piso al lado del hospital para resguardarlos ("era riesgoso seguir juntos; los médicos estamos muy expuestos al contagio"). El resto de su familia, sus padres y tres hermanos, viven en Yerba Buena. Al referirse a ellos, se le adivina un sentimiento de impotencia: "desde un principio quise decirles que se queden en casa. Que crean que va a pasar porque pensar que no va a pasar es mucho más peligroso".

- ¿Cómo transcurren las horas en el hospital?

- Están siendo días muy duros. De tener un hospital con todas las especialidades, hoy tenemos un “hospital covid”, prácticamente. Muchos son pacientes con neumonías que requieren oxígeno. Hoy, los traumatólogos, los ginecólogos, los psiquiatras, los cirujanos, todos, todos, se dedican al coronavirus. Tenemos unas 300 camas y vamos a desplegar unas 170 más en unos polideportivos cercanos.

- ¿Tenés miedo?

- Por mí, no. No tengo miedo de enfermarme. Lo que me atemoriza es otra cosa. Es quedarme sin herramientas para los pacientes. Lo peor todavía no ha ocurrido; está por venir. Lo peor será decidir a quién le daremos tratamiento y a quién no. Elegir a quién le daremos la oportunidad de vivir.

- ¿Qué escena te ha conmovido más?

- Nunca imaginé que iba a ver a mis compañeros, de cualquier especialidad, dándolo todo. Los médicos estamos dejando nuestra vida en esto. Cada mañana, se incorpora un nuevo grupo de doctores. Yo me encargo de su formación. Les veo el miedo en las caras. Pero aquí estamos, durmiendo en hoteles, alejándonos de nuestros seres queridos y viendo cómo nosotros mismos nos vamos contagiando. La entrega es brutal.

- En particular, ¿recordás a algún paciente?

- Sí. Te voy a hablar de alguien que me impactó profundamente: una mujer de mi edad. Me vi reflejada en ella. Hizo una neumonía muy grave. Cuando la revisé, estaba con mucha necesidad de oxígeno, asustada y desprotegida. Hasta entonces, era una chica perfectamente sana y sin antecedentes. Ese día, cambió mi paradigma: este virus no va detrás de los abuelitos, únicamente; los jóvenes también pueden ponerse graves de un momento a otro. Anteayer le di el alta.

- ¿Qué es lo mejor que puede pasarnos a los tucumanos?

- Lo mejor que podría pasarles es que no se enfermen todos a la vez. Es decir, que no haya un pico; una espectacularidad de casos. Eso destruye al sistema sanitario. Necesitan que el contagio sea progresivo. Los chinos abrieron hospitales en tres días. Pero en Argentina, el sistema es menos robusto que en China, España o Italia.

- A partir de tu experiencia en Barcelona, ¿cómo sospechas que evolucionará el coronavirus aquí?

- El 80 % de la población se va a contagiar: tendrá un cuadro leve. De ese porcentaje, habrá un 20% que se pondrá grave y, a su vez, hasta un 5% que entrará en estado crítico. La mayoría de quiénes estén mal serán mayores de 60 años; aunque no necesariamente tendrán comorbilidades, como se pensaba inicialmente. Mi única esperanza es que hayan aprendido de las experiencias europeas y se hayan quedado en sus casas.

- ¿Qué enseñanza has extraído de la primera línea de batalla?

- Creo que los confinamientos son fundamentales, insisto. Y que tienen que ser precocez, masivos y estrictísimos. Si no, no funcionan. Pero aunque gran parte de la población se encierre, no es suficiente. Es imprescindible además que invirtamos en prevención. Tenemos que actuar antes, para que la gente no llegue a los hospitales. A todos los pacientes sintomáticos hay que hacerles tests masivos y rápidos. Las pruebas permiten dominar la situación ya que brindan un diagnóstico precoz. Y con ese diagnóstico se puede salvar una vida. Aquí y ahora, a algunos enfermos con sintomatología y diagnóstico les damos fármacos de antemano. En otras palabras, no esperamos una neumonía.

- ¿Qué drogas están usando?

- Hemos visto buenos resultados con la hidroxicloroquina y la azitromicina. De hecho, el personal sanitario que manifiesta síntomas leves es medicado, de manera preventiva, con esta combinación. En los casos graves, usamos unos medicamentos indicados para tratar la artritis, como el tocilizumab. Pero somos prudentes al hablar de remedios: si la gente acapara, podríamos tener problemas. 

En España, la prueba habitual a la que se acude para diagnosticar la enfermedad por Covid -19 es la denominada PCR (reacción en cadena de la polimerasa, por sus siglas en inglés). Ofrece resultados fiables y demora de 24 a 48 horas. Se requieren unas máquinas que provocan unas reacciones químicas que permiten hallar el material genético del virus. Otro tipo de test es el screening serológico, que se hace con una gota de sangre. Detecta dos anticuerpos generados por el organismo para combatir una infección. Los resultados pueden estar en 15 minutos. Luego están los llamados tests rápidos, que funcionan como una tira de embarazo. No obstante, son poco fiables. En Argentina, la única metodología que se emplea actualmente es la PCR.
La hidroxicloroquina se ha convertido en el medicamento del que más se está hablando en los últimos días. No obstante, se emplea desde hace décadas contra la malaria, lupus y artritis. Los laboratorios españoles se han puesto a producir más pastillas ante su posible eficacia. "Ustedes todavía están a tiempo de anticiparse. Luchen para que los laboratorios prioricen la producción de estos fármacos", insta.
De pronto, la chillona puerta de su despacho se abre y una enfermera la reclama. Para entrar a la zona sucia, los pabellones donde yacen los contagiados de coronavirus, debe ponerse mono; gorro; guantes; cubreboca y gafas protectoras. "Al comienzo, usábamos una mascarilla y después la tirábamos. Ahora, la tenemos una semana. Ojalá tomemos conciencia de lo imprescindible de una sanidad pública dotada de medios. La salud pública es la base de la dignidad de las personas", valora.

- Ciertos ayuntamientos españoles han prohibido ir a hacer las compras todos los días.
- Sí. Una de las recomendaciones es que se salga una sola vez a la semana. Cada vez que uno va al súper, se expone.

- Se conoció el caso de una madre que ha contagiado a su bebé de días.
- He visto embarazadas infectadas y con neumonías. Hasta aquí, han tenido buena evolución. Y aunque no soy pediatra, se sabe que en los niños la infección puede producir poca sintomatología. El problema es que ellos propagan la epidemia. La población infantil supone el factor de contagio de las familias.

- ¿Cuando llegás a tu departamento, podés poner la mente en blanco y olvidar esto?
- De momento, no logro pensar en otra cosa. Solo consigo desconectarme cuando ayudo a mis hijos a hacer las tareas del colegio, a través de videollamadas.

- ¿Cómo se acaban las epidemias?
- No lo sé. No lo sabemos. ¿Te conté que corro? Hice cuatro carreras de 21 kilómetros. Antes de que llegara la pandemia, había empezado a entrenarme para mi primera maratón. Siento que esto es como una carrera de fondo: no podemos gastarnos la energía en la largada porque falta mucho para el final.

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