Científicas de Salta hicieron importantes descubrimientos para detener al cromo, un metal cancerígeno

En el estudio también trabajaron especialistas de Tucumán quienes analizaron los mecanismos utilizados por microorganismos aislados a partir de efluentes industriales, y ahora esperan usarlos para prevenir o remediar la contaminación de ecosistemas.

13 Ene 2018

Se trata de enzimas de levaduras que vuelven innocuo a un metal cancerígeno: el cromo. Esas levaduras o sus enzimas podrían servir para descontaminar efluentes que contengan altos niveles de cromo, señalaron las investigadoras del CONICET.

Muchos efluentes industriales contienen altos contenidos de cromo, un metal cancerígeno. Ahora, dos científicas argentinas, de Salta y Tucumán , identificaron levaduras que podrían volver inocuo a ese material.

“Nuestro estudio abre caminos para el desarrollo de estrategias de biorremediación o limpieza de ecosistemas contaminados”, indicó a la Agencia CyTA-Leloir la directora del avance, Verónica Irazusta, del Instituto de Investigaciones para la Industria Química (INIQUI) que depende del CONICET y de la Universidad Nacional de Salta (UNSa).

Tal como describe la revista “Ecotoxicology and Environmental Safety”, Irazusta y sus colegas realizaron estudios proteómicos de levaduras aisladas a partir de efluentes de industrias textiles. Comprobaron que las enzimas de dos de ellas, Cyberlindnera jadinii M9 y Wickerhamomyces anomalus, tienen la capacidad de generar el cambio del cromo cancerígeno (hexavalente) al cromo inocuo (trivalente).

Otros grupos de investigación también estudian enfoques similares. Meses atrás, científicos de la UBA anunciaron el aislamiento de una cepa bacteriana del Riachuelo que también transforma al cromo a una forma inocua.

“Los microorganismos como bacterias, hongos y levaduras son capaces de vivir en ambientes inhóspitos y muchas veces contaminado, gracias a su capacidad de adaptación. Y esta adaptación puede involucrar la producción de enzimas capaces de reducir el metal contaminante a estados menos tóxicos”, explicó Irazusta.

Del avance también participaron la licenciada Anahí Bernal, y las doctoras Cristina Estévez y Lucía Inés Castellanos de Figueroa, de la Planta Piloto de Procesos Industriales Microbiológicos (PROIMI), una unidad ejecutora del CONICET con sede en Tucumán.


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