El Papa Francisco y un eco que resonó en la selva amazónica

Un salteño te cuenta cómo fue la visita del Sumo Pontífice a la ciudad peruana de Puerto Maldonado, donde la violencia y la trata de personas son moneda corriente.

22 Ene 2018

Por Iván Rodríguez

En junio del año pasado la región amazónica peruana se vio revolucionada tras el anuncio oficial de que el Papa Francisco visitaría la zona durante su viaje apostólico a Perú.

La visita transcurriría en el marco del viaje del Sumo Pontífice por Sudamérica, en el cual también llegaría a Chile.

Uno de los lugares elegidos en Perú fue la humilde localidad de Puerto Maldonado, capital del departamento Madre de Dios, una de las puertas de entrada a la amazonia peruana.

La región amazónica se expande hacia Brasil y Bolivia principalmente, y es considerada el mayor bosque tropical del mundo.

Una de las características de esta vasta zona selvática, donde se encuentra una variedad inmensa de flora y fauna, es la presencia de cientos de tribus indígenas. Muchas de estas han decidido aislarse por voluntad propia de las grandes ciudades y del contacto con las personas que no son de su etnia.

La visita de Francisco no fue ajena a esta realidad y el lema elegido para la misma demuestra un intento de acercamiento hacia estas tribus: "unidos en la esperanza".

En esta zona la tarea pastoral de la Iglesia Católica no ha sido fácil ante la hostilidad de algunas etnias hacia el "hombre blanco" que desde hace varias décadas ante el boom del caucho y el oro, lo ha oprimido y esclavizado.

Esta fue una de las cosas que denunció el Papa Francisco, siete meses después de aquel sorprendente anuncio que esperanzó a los católicos peruanos.

"Es doloroso constatar cómo hay algunos que quieren volver a Madre de Dios una tierra anónima, un lugar fácil de comercializar y explotar" denunció Bergoglio. Y además agregó: "los bosques, ríos y quebradas son utilizados hasta el último recurso y luego dejados vacíos e inservibles. Las personas también son tratadas con esta lógica, son usadas hasta el cansancio y luego dejadas inservibles".

En el transcurso de ese tiempo, los trabajos en infraestructura y acondicionamiento del lugar han sido incesantes, así como la organización de la logística del encuentro.

Pero este fue solo el inicio de una tarea pastoral que el propio Francisco le confió a los obispos de la zona. Así lo indicó Monseñor David Martínez, obispo del Vicariato de Puerto Maldonado, durante la misa concelebrada del viernes pasado, luego de que Mario Bergoglio partiera a Lima para desde allí dirigirse a Trujillo.


Según manifestó el prelado, el Sumo Pontífice les dejó la tarea de organizar un sínodo de obispos de la Amazonia y les pidió que continuen con el acercamiento hacia los pueblos originarios.

El interés de Francisco por estos asuntos se vio reflejado en la reunión que mantuvo durante el mediodía en Puerto Maldonado con representantes de diferentes etnias locales entre las que se encontraban Harakbut, Esse-ejas, Matsiguenkas, Yines, Shipibos y Asháninkas a quienes visitó durante el almuerzo.

Otro de los temas que no dejó pasar el Papa en su visita a esta localidad es la trata de personas, una de las problemáticas que más aquejan a esta zona de Perú.

Sobre esta cuestión Bergoglio dijo: "ya llegando a Puerto Maldonado vi un cartel que me llamó la atención: está atento contra la trata. Se ve que están tomando conciencia, pero en realidad deberíamos hablar de esclavitud, esclavitud para el trabajo, esclavitud sexual, esclavitud para el lucro. Duele constatar cómo en esta tierra que está bajo el amparo de la madre de Dios tantas mujeres son desvaloradas, menospreciadas y expuestas a un sinfín de violencias".

Es que al llegar a esta ciudad, por el medio que sea, lo primero que se ve son carteles que alertan sobre esta situación y para el visitante foráneo son llamativos.

Con mucha ansiedad y emoción se vivieron los momentos previos a la visita pastoral del Papa y los habitantes de Puerto Maldonado se prepararon para recibir a cientos de miles de peregrinos que llegaron principalmente desde Brasil, Bolivia y otras partes de Perú.

Ante la falta de infraestructura hotelera se habilitaron casas de familia para la recepción de los visitantes y lugares para acampar.

La expectativa por la llegada del Papa también fue aprovechada para hacer negocios: en este sentido, por ejemplo el precio de los pasajes en colectivo aumentó más del doble de lo que usualmente se cobra y muchos hoteles y hostales duplicaron el precio de sus habitaciones. Aún así la concurrencia fue masiva.

Al llegar a Puerto Maldonado, se podían ver las principales calles adornadas y ornamentadas con gigantografías y carteles alusivos a la visita Papal y las escuelas se abrieron para recibir a los peregrinos de comunidades indígenas.

Una hamalgama de colores, dialectos, músicas y costumbres se adueñó del lugar en los dos días previos a la llegada del Papa y se vio un clima realmente festivo en las calles de Puerto Maldonado.

En las casitas de techo de chapa los televisores sintonizaban canales locales donde se mostraba lo que sucedía en Chile durante la visita de Francisco y el minuto a minuto de su llegada a Perú.

En vigilia se esperó al Sumo Pontífice en la plaza de armas de la ciudad, en donde desde la tarde del día anterior a su llegada se organizaron diferentes actividades.


Con sus atuendos típicos cada etnia y cada delegación, llegados desde diferentes lugares de Perú y de la Amazonia, mostró sus danzas y compartió un momento de fraternidad.

Luego entre música y oración se preparó la proseción hacia el Insituto Jorge Basadre, en donde en algunas horas Francisco se dirigiría al pueblo amazónico.

Desde las 4 de la madrugada fueron ingresando cientos de miles de personas para escuchar las palabras del Papa previstas recién para las 11.

La emoción de escuchar al Sumo Pontífice pudo más que el cansancio y el agobiante calor que hizo durante la mañana.

Todo se dio de manera organizada y como estaba previsto, Francisco fue recibido por los obispos y los representantes de diferentes etnias amazónicas en el Coliseo Regional Madre de Dios, luego de allí hizo un breve trayecto en el Papamovil hacia la explanada del Instituto Basadre.

Alli se mostró contento con la diversidad cultural de los presentes. "Cuánto necesitamos de estos momentos donde poder encontrarnos y más allá de la procedencia animarnos a generar una cultura del encuentro que nos renueva la esperanza" manifestó el Sumo Pontífice.

Hogar Principito, calles ciudad.

Breve pero cargada de emotividad fue la visita del Papa Francisco a la localidad de Puerto Maldonado y su palabra serena quedó resonando como un eco en la selva amazónica. "Amen esta tierra, sientanla suya, cuidenla, escuchenla, maravillense de ella, enamórense de esta tierra Madre de Dios y comprométanse y cuídenla, no la usen como un simple objeto descartable sino como un verdadero tesoro para disfrutar, hacer crecer y transmitirlo a los hijos" fueron las palabras finales de Francisco en la explanada del instituto Jorge Basadre en Puerto Maldonado.



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