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Conocé a Luis, “El Chavo del 8” salteño y solidario

Vive en barrio Castañares y sueña con participar en el Bailando por un sueño. Esta es la historia de un niño que nunca dejó de ser niño.
17 Mar 2019
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Nunca pasa desapercibido. Miradas de incredulidad, de admiración, de asombro o de curiosidad se topan en su camino cada vez que Luis Di Stefano sale a la calle vestido como El Chavo.

En barrio Castañares ya se acostumbraron a verlo así y los más pequeños suelen saludarlo, los más grandes le tocan bocina y los más intrépidos le piden fotos. Luis no se niega, es consciente de lo que transmite su personaje.

“El cariño que recibe este personaje es algo grandioso y poder representarlo aún mucho más. Me considero un “Chavo del 8” salteño, argentino y lo hago con mucho respeto y humildad” afirma el hombre de 43 años.

Una niñez nada fácil

La vida no ha sido nada sencilla para Luis. Durante su infancia tuvo que soportar las burlas de sus compañeritos de escuela hacia la condición de su mamá.

“La gente se burlaba de mí por la condición de salud de mi mama, es esquizofrénica, yo estudiaba acá y de la ventana veía que mi mamá salía gritaba, se desnudaba en la calle, le pegaba a la gente y era un espectáculo para muchísima gente”, recuerda.

Pero el pequeño encontró en esas burlas la posibilidad de responder de otra manera. “Era empleado doméstico de la vecina de al lado de mi casa, a mi otra vecina le hacía los mandados. Me pagaban y a la hora de la salida de la escuela compraba pan y mortadela, hacía sanguchitos y le regalaba a los niños”, cuenta Luis quien a sus 9 años ya había descubierto un camino que seguiría a lo largo de su vida: la solidaridad.

De niño alternaba trabajo con la asistencia a la escuela Monseñor Pérez en barrio Castañares ya que su condición económica no era de las mejores. “Ofrecía frutas y verduras, en otra verdulería limpiaba las manzanas y me ganaba frutas para llevar a mi casa, ya que mi papá era empleado municipal y el sueldo se le iba en el internación de mi mamá”, relata el Chavo salteño.

Sobre el vínculo con su madre cuenta: “yo me dediqué mucho a ella, a brindarle lo mejor y cuando ella estaba mejor vendía churros en la U.N.Sa., juntaba botellas o comía de lo que dejaba la gente en los restaurantes o en la basura”.

Pese a lo que le tocó vivir, Luis admite que nunca tuvo odio ni temor a nadie sino que “les agradezco porque ellos me hicieron ver la realidad de otra manera”.

La solidaridad como forma de vida

“Servir unos para los otros es el fin con que venimos al mundo” sostiene el hombre bajo la vestimenta del Chavo del 8. Muchos de sus días tienen eso: darse a los que lo necesitan.

Una de sus expectativas más grandes es “es contagiar, quiero crear una epidemia en el mundo de solidaridad, que la gente sea solidaria y sea buena. Hay que demostrarle al mundo de que podemos cambiar”.

Esta idea parte de su convencimiento de que “El Chavo transmite mucha alegría a los chicos, el niño cuando lo ve sonríe” y por eso concluye en que “en ese momento soy feliz”.

En este momento de su vida, Luis no se imagina sus días sin llevar la esencia del Chavo del 8 a donde vaya. “Es una pasión que llevo muy adentro del corazón y la voy a hacer hasta que Dios diga basta”, concluye

Las calles de barrio Castañares han sido su hogar. Foto LA GACETA

Secuelas de un trabajo difícil

El trabajo solidario de Luis le ha dejado algunas secuelas. El hombre afirma que no es fácil conocer personas y después ver cómo se mueren sin poder ayudarlas.

Según su relato fue después de recorrer el país que empezó a sentir en su mente el peso de las historias que conoció y de la muerte como algo difícil de explicar.

“Tuve que ir a un psiquiatra, mucha gente no sabe lo que pasé, tuve que hacer un tratamiento por todo lo que viví en los hospitales del país. Eso me trajo secuelas, es difícil perder a un amigo que está luchando por su vida”, indica Luis.

Además agrega que “uno se empieza a cuestionar si pudo hacer más y cuando se muere te das cuenta que no hiciste todo lo que tenías que haber hecho”.

Aun así pudo recuperarse y salir delante de nuevo, como en cada etapa de su vida. “De a poco pude ir saliendo y tratando de tomarlo con pinzas”, cuenta.

El sueño del Bailando

Quiero entrar al Bailando, sería una buena pantalla para mostrar lo que yo hice y contagiar a los famosos para hacer actividades”, afirma determinante Luis y admite que “hay tantos niños que sueñan con conocer a un famoso que con solo un saludo serían felices”.

En esta escuela, Luis comenzó sus trabajos solidarios. Foto LA GACETA

El año pasado durante una campaña solidaria tuvo la oportunidad de conocer al conductor Marcelo Tinelli. “Lo conozco personalmente a Marcelo, tengo su palabra que él me dijo que lo que necesite él iba a estar. No sé si se acodará de mí y se acordará lo que hablamos en el hotel que él me dijo que me iba a ayudar”, expresa el Chavo salteño.

Luis cuenta que le gustaría formar parte del programa de Tinelli como participante solidario y que donaría lo que le paguen. “No me interesa el dinero ni la fama me interesa llegar a la gente al corazón y sumar amigos solidarios para ayudarnos entre todos”, dice.

 

Una esperanza inquebrantable

A pesar de haber tenido una vida llena de dificultades, Luis se ha aferrado a los trabajos solidarios y ha salido adelante después de cada caída.

“Yo soy así y creo que hago lo que tendría que hacer cualquier persona. Hoy estamos mañana no, aprovechemos, seamos felices, dediquemos una o dos horas a alguien que no conozcamos”, aconseja.

Luego concluye: “necesitamos del otro, nos necesitamos entre todos, uniéndonos vamos a llegar lejos”.

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