LA GACETA Literaria

Cuento contigo

Contar con el otro es para el ser humano algo fundamental, al punto que el antropólogo Levi Strauss dice que la ruptura del lazo social es en sí misma un factor de sufrimiento.
30 Ago 2020
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Cuando un niño nace y durante un buen tiempo, no contará más que con las palabras y las historias que su madre, su padre, o quienes constituyan su familia, le acerquen. Sus malestares, sus llantos, tomarán así la forma de esas palabras.

Canciones de cuna, cuentos y relatos tejerán esa cuna simbólica sin la cual no es posible vivir, ni aún sobrevivir. Hay historias conmovedoras que trasmiten que las palabras que cuentan una pequeña historia pueden ayudarnos a vivir.

Daré algunos ejemplos. Lena Faigenblat testimonia a sus 86 años del encuentro que tuvo cuando tenía 26 con una nena de tres, Irka. Ambas están en un refugio bunker en el gueto de Varsovia bajo bombardeos y el temor de que el llanto de los niños delate el escondite. Irka, se le acerca porque su mamushka llora. Lena le cuenta la historia de un gatito y arriesga una promesa: si salen de ahí le regalará uno. La niña se entusiasma, recupera la calma y podemos suponer también el deseo de vivir.

Un testimonio más cercano en el tiempo, no menos impactante es el de un enfermero tucumano, Matías, que atiende un bebé abandonado en el Hospital al que le han dado todos los cuidados médicos día tras día y sin embargo el bebé no mejora, está en situación desesperante y ya han probado todo lo que la ciencia puede hacer por él. Un día, al volver de sus vacaciones, el enfermero se detiene junto a su cuna y le dice: “si abrís los ojos te prometo que saldremos juntos de este lugar”. El bebé abre inmediatamente los ojos y mira por primera vez a quien luchará de ahí en más por transformarse en su papá adoptivo.

¿Por qué la palabra tiene este poder? Porque no solo comunica información, sin duda útil para la satisfacción de nuestras necesidades, sino que es portadora de deseo.

Al narrarle a los niños un cuento trasmitimos en las inflexiones de la voz, las pausas y los tonos, un clima de sucesos que nos introducen en esa historia por venir, la magia acude porque esa aventura la recreamos juntos, cada vez, cada noche.

Y la luz puede por fin apagarse porque algo quedó encendido en el corazón de ese niño o niña, y ahora sí schhh… a aventurarse en el mundo de los sueños.

© LA GACETA

Por Gabriela Duguech – Psicoanalista, profesora de Psicología de la niñez y la adolescencia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT.

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