Cuatro chicos de una clase pueden presentar una condición cerebral que complica la lectura, la ortografía, la escritura y, algunas veces, el habla.
Entre las Dificultades Específicas del Aprendizaje (DEA) se encuentran la dislexia, la discalculia, la disgrafía y la disortografía. Se presentan en el proceso de lectura, de cálculos matemáticos, de escritura y de ortografía, respectivamente y se detecta en los niños sólo haciendo un diagnóstico psicopedagógico.
Dentro de las cuatro dificultades existentes, la más conocida es la dislexia ya que es la que se presenta en mayor medida en la sociedad. Sin embargo, pueden manifestarse dos dificultades conmórbido, es decir, una dislexia acompañada de disgrafia, discalculia o disortografia.
“Las dificultades especificas del aprendizaje tienen una base neurobiológica, está comprobado a través de diversos estudios que el cerebro de estos niños procesa las información de manera diferente. Es importante destacar que no tiene que ver con los niveles de inteligencia del niño, ya que es genético, no es psicológico. Existen familias enteras con alguno de estos problemas”, asegura la Psicopedagoga María Saravia (MN 1318).
Los síntomas de las DEA son diferentes de acuerdo a la edad y etapa escolar. Según la especialista, generalmente “los niños presentan problemas de conducta ya que les cuesta tanto leer, escribir o hacer cálculos que prefieren evitar hacerlo. Estos síntomas son acompañados por otros como invertir sílabas, separar partes de palabras, problemas para recordar las tablas de multiplicar o aprender un idioma distinto al suyo. Por esto, en la escuela estas enfermedades son detectadas con mayor facilidad”.
Es muy importante el papel que juega la escuela al momento del aprendizaje y del tratamiento en un niño ya diagnosticado. A menudo la escuela y las psicopedagogas trabajan en conjunto para disminuir los efectos de estas enfermedades, por ejemplo en el caso de una dislexia compleja, realizando “configuraciones de apoyo” para que los alumnos puedan desempeñarse en el contexto educativo con fluidez y el menor grado de dependencia posible.
Consultada por LA GACETA, la psicopedagoga afirma que, “para diagnosticar alguna de estas dificultades es necesario que el niño sea inteligente (con un coeficiente intelectual promedio) y haya estado sometido a una educación básica. Es decir, un niño que nunca recibió educación no puede nunca ser diagnosticado con alguna DEA”.
Si bien los niños que padecen esta alteración viven una vida normal, es muy importante la detección temprana en la franja etaria de 1° a 3° grado, ya que en cuanto más se trate en un niño pequeño, más rápido podrá compensar y mucho más fructífero será el tratamiento que se realice.
En Argentina, se realizaron estudios que afirman que la prevalencia a la discalculia, disortografía, dislexia y disgrafía es de un 10 a un 15%, lo que significa que 4 chicos de una clase pueden presentar una condición cerebral que dificulta la lectura, la ortografía, la escritura y, algunas veces, el habla.
Las DEA son Dificultades Específicas del Aprendizaje en los procesos automáticos. Entre ellas se encuentran la dislexia, la discalculia, la disgrafía y la disortografía. Se presentan en el proceso de lectura, de cálculos matemáticos, de escritura y de ortografía, respectivamente y se detecta en los niños sólo haciendo un diagnóstico psicopedagógico.
Dentro de las cuatro dificultades existentes, la más conocida es la dislexia ya que es la que se presenta en mayor medida en la sociedad. Sin embargo, pueden manifestarse dos dificultades conmórbido, es decir, una dislexia acompañada de disgrafia, discalculia o disortografia.
“Las dificultades especificas del aprendizaje tienen una base neurobiológica, está comprobado a través de diversos estudios que el cerebro de estos niños procesa las información de manera diferente. Es importante destacar que no tiene que ver con los niveles de inteligencia del niño, ya que es genético, no es psicológico. Existen familias enteras con alguno de estos problemas”, asegura la Psicopedagoga María Saravia (MN 1318).
Los síntomas de las DEA son diferentes de acuerdo a la edad y etapa escolar. Según la Psicopedagoga Saravia, generalmente “los niños presentan problemas de conducta ya que les cuesta tanto leer, escribir o hacer cálculos que prefieren evitar hacerlo. Estos síntomas son acompañados por otros como invertir sílabas, separar partes de palabras, problemas para recordar las tablas de multiplicar o aprender un idioma distinto al suyo. Por esto, en la escuela estas enfermedades son detectadas con mayor facilidad”.
Es muy importante el papel que juega la escuela al momento del aprendizaje y del tratamiento en un niño ya diagnosticado. A menudo la escuela y las psicopedagogas trabajan en conjunto para disminuir los efectos de estas enfermedades, por ejemplo en el caso de una dislexia compleja, realizando “configuraciones de apoyo” para que los alumnos puedan desempeñarse en el contexto educativo con fluidez y el menor grado de dependencia posible.
Consultada por LA GACETA, la Psicopedagoga María Saravia (MN 1318) afirma que, “para diagnosticar alguna de estas dificultades es necesario que el niño sea inteligente (con un coeficiente intelectual promedio) y haya estado sometido a una educación básica. Es decir, un niño que nunca recibió educación no puede nunca ser diagnosticado con alguna DEA”.
Si bien los niños que padecen esta alteración viven una vida normal, es muy importante la detección temprana en la franja etaria de 1° a 3° grado, ya que en cuanto más se trate en un niño pequeño, más rápido podrá compensar y mucho más fructífero será el tratamiento que se realice.
En Argentina, se realizaron estudios que afirman que la prevalencia a la discalculia, disortografía, dislexia y disgrafía es de un 10 a un 15%, lo que significa que 4 chicos de una clase pueden presentar una condición cerebral que dificulta la lectura, la ortografía, la escritura y, algunas veces, el habla.
Las DEA son Dificultades Específicas del Aprendizaje en los procesos automáticos. Entre ellas se encuentran la dislexia, la discalculia, la disgrafía y la disortografía. Se presentan en el proceso de lectura, de cálculos matemáticos, de escritura y de ortografía, respectivamente y se detecta en los niños sólo haciendo un diagnóstico psicopedagógico.
Dentro de las cuatro dificultades existentes, la más conocida es la dislexia ya que es la que se presenta en mayor medida en la sociedad. Sin embargo, pueden manifestarse dos dificultades conmórbido, es decir, una dislexia acompañada de disgrafia, discalculia o disortografia.
“Las dificultades especificas del aprendizaje tienen una base neurobiológica, está comprobado a través de diversos estudios que el cerebro de estos niños procesa las información de manera diferente. Es importante destacar que no tiene que ver con los niveles de inteligencia del niño, ya que es genético, no es psicológico. Existen familias enteras con alguno de estos problemas”, asegura la Psicopedagoga María Saravia (MN 1318).
Los síntomas de las DEA son diferentes de acuerdo a la edad y etapa escolar. Según la Psicopedagoga Saravia, generalmente “los niños presentan problemas de conducta ya que les cuesta tanto leer, escribir o hacer cálculos que prefieren evitar hacerlo. Estos síntomas son acompañados por otros como invertir sílabas, separar partes de palabras, problemas para recordar las tablas de multiplicar o aprender un idioma distinto al suyo. Por esto, en la escuela estas enfermedades son detectadas con mayor facilidad”.
Es muy importante el papel que juega la escuela al momento del aprendizaje y del tratamiento en un niño ya diagnosticado. A menudo la escuela y las psicopedagogas trabajan en conjunto para disminuir los efectos de estas enfermedades, por ejemplo en el caso de una dislexia compleja, realizando “configuraciones de apoyo” para que los alumnos puedan desempeñarse en el contexto educativo con fluidez y el menor grado de dependencia posible.
Consultada por LA GACETA, la Psicopedagoga María Saravia (MN 1318) afirma que, “para diagnosticar alguna de estas dificultades es necesario que el niño sea inteligente (con un coeficiente intelectual promedio) y haya estado sometido a una educación básica. Es decir, un niño que nunca recibió educación no puede nunca ser diagnosticado con alguna DEA”.
Si bien los niños que padecen esta alteración viven una vida normal, es muy importante la detección temprana en la franja etaria de 1° a 3° grado, ya que en cuanto más se trate en un niño pequeño, más rápido podrá compensar y mucho más fructífero será el tratamiento que se realice.