Abuso sexual infantil según la psicología: “lo que diga el niño, tomarlo como cierto”

¿De qué hablamos cuando hablamos de abusos sexuales en la infancia? La psicóloga Emilia Karanicolas explica cuáles son las alertas que dan los niños y cómo ayudar.

14 Mar 2018

Una de cada cinco mujeres y uno de cada 13 varones dijeron haber sufrido abuso sexual infantil, según la última encuesta publicada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que da cuenta de la fuerte presencia de la violencia adulta en contra de los más vulnerables, en perjuicio de los niños.

Según el relato de sobrevivientes al abuso sexual en la infancia, de este tema poco se habla en los ámbitos escolares y las campañas de prevención estatales son escasas, haciendo más profundo el silencio que imponen los abusadores a sus víctimas. Ante esto, La Gaceta dialogó con la licenciada en psicología Emilia Karanicolas, quien advirtió cuáles son las señales que da un niño o una niña que está siendo sometido a este abuso y explicó de qué se trata y cómo ayudar a quien sufre o sufrió este tipo de violencia.

En primer lugar subrayó: “es muy importante a estar atentos para cualquier cosa que ellos (los niños) digan y tomarlo como verdadero”.

De esta manera la psicóloga buscó desterrar el prejuicio y estar más alerta a lo que dicen los chicos, ya sea desde lo verbal o a través de sus acciones. “Lo que diga el niño, tomarlo como cierto. Porque muchas veces uno, al pensar de que ‘debe ser mentira’ o que ‘no puedo creerlo de esta persona tan buena’, no le creemos al niño. Y ese es uno de los principales errores que uno comete”, advirtió.


El abuso sexual a niños y adolescentes es una forma de violencia hacia la infancia. “Siempre se habla de forzar a un niño a involucrarse con actividades sexuales, que obviamente no está preparado. Siempre empieza con una seducción al niño que no entiende y no sabe lo que está sucediendo”, explicó.

Dentro de estas actividades sexuales hay algunas que pueden incluir el contacto físico, es decir, que sean con o sin penetración, con el órgano sexual masculino o femenino, con alguna otra parte del cuerpo u otros objetos. También puede ser con participación visual, o sea, exponiendo al niño o niña a ver escena sexuales, dirigiéndolo o registrándolo (filmación), y no necesariamente tiene que involucrar el tocamiento de los cuerpos.

Karanicolas además aclaró que el abuso sexual no distingue géneros. “Uno de los grandes mitos es que siempre viene de parte de una persona masculina hacia el niño o niña y no es verdad; el abuso sexual se da en cualquier persona y de cualquier género.  Muchas veces se sorprenden cuando es la mamá, la señorita o la profesora la abusadora. No tenemos que hacer la vista a un lado y pensar de que esto no está pasando o no va a pasar nunca, hay que estar atento”, destacó.

-  ¿Qué cuestiones deben alertarnos de un posible abuso?

- Tenemos que estar atentos cuando un niño modifica su conducta drásticamente. Ese es un signo que hay algo que le está pasando. Siempre los chicos experimentan síntomas de estrés como reacción a estos abusos. Estos síntomas van a depender del tipo de abuso, de la gravedad, de la edad y el desarrollo del niño.

Por lo general, hay un elemento que cambia drásticamente que puede ser tendencia a evitar a esa persona abusadora. El niño o la niña no quieren ver más a la abuela, al abuelo, a la tía, por ejemplo. O hay un bajo rendimiento escolar y no puede prestar atención. Problemas emocionales como ira, llantos, ansiedad, comportamiento drásticos para los que venían teniendo.  Quejas frecuentes de síntomas físicos, dolores de panza, de cabeza. Si sucede en la escuela, por ejemplo, le duele la panza todos los días antes de ir a la escuela.

También puede haber comportamientos agresivos, porque la mayoría los chicos son el pasivo de esta relación abusiva y lo hacen activo hacia otra persona que es de la misma edad, por ejemplo, con los compañeritos, no necesariamente a nivel sexual pero sí son agresivos con ellos.

Pueden tener juegos sexuales inadecuados para su edad o su desarrollo. Si bien los niños tienen ciertos juegos sexuales que son normales para su edad, pero cuando no los son se llaman juegos sexualizados o hípersexualizados: muchas veces recurren a una masturbación compulsiva o a querer compulsivamente ver los genitales de otra persona o a tocarlos. O quieren hacer lo mismo que les hacen a ellos a la mamá, al papá o al hermanito, porque no saben que eso está mal.          

El abuso sexual infantil se da de forma progresiva y tiene distintas fases.

- ¿Cuáles son las fases?

- Una fase es la preparación, donde el adulto (abusador) utiliza su autoridad para llegar a este niño, a través de la alienación y la seducción, utilizando el secreto, los regalos, el favoritismo. Todo eso para asegurarse que el niño no pueda contar.

Una vez que el abusador está seguro, se pasa a la fase de la interacción sexual, que no necesariamente tiene que ser con contacto físico, puede ser observando imágenes, revistas, películas o escuchado o mirando una actividad sexual.

Después esta la fase de develamiento, que puede ser accidental o intencional. Accidental porque se vio una mancha en el cuerpo del niño, por ejemplo, lo que alertó a un familiar, o alguien descubrió el momento del abuso. Intencional es cuando una persona (víctima) ha tenido ya el suficiente coraje o preparación para poder hablarlo con alguien de confianza.


- ¿Qué hacer si se sospecha que algo está pasando o del abuso a un niño?

- En primer lugar, lo más importante siendo tutores de un niño - suponiendo que esto suceda a nivel extrafamiliar- y veo que mi hijo tiene algún comportamiento que mí me hace ruido porque no era así hasta hace una semana, por ejemplo, y esto se agudizó, tengo que generar un entorno de suma confianza para que pueda decirme lo que está o ha estado viviendo. Y esta confianza tiene que ser de manera gradual, porque no nos olvidemos que él está siendo coercionado o seducido por otro adulto que busca una satisfacción y está haciendo un daño al niño.   

No hay que juzgarlo, ni culpabilizarlo, porque él nunca tiene la culpa.

Ponerle sobre el peso de sus hombros la culpa o juzgarlo está mal porque se estaría cumpliendo una de las tantas amenazas que este abusador decía. Porque en la fase de esta seducción está el sostenimiento del secreto a través del daño hacia la familia, hacia alguien que él quiere, o disolver la familia o al que no le crean.

Es muy importante a estar atentos para cualquier cosa que ellos digan tomarlo como verdadero.  Después la justicia se encargará de ver el grado de abuso o cómo fue. Pero lo que diga el niño, tomarlo como cierto. Porque muchas veces uno en esto de pensar de que 'debe ser mentira' o que 'no puedo creerlo de esta persona tan buena', no le creemos al niño. Y ese es uno de los principales errores que uno comete.

- ¿Cuánto puede ayudar hablar con otras víctimas o sobrevivientes del abuso sexual infantil?

- El diálogo con pares ayuda de suma manera. Porque el que tiene una problemática (y así no fuera abuso sexual infantil) necesita del par, del otro, de sentir contención para saber que no está solo en esto. Eso genera un sentimiento de pertenencia, de que yo puedo estar dentro de un grupo que me respalde y sabe lo que siento. La empatía es un gran sentimiento que uno como ser humano tiene que saber desarrollar para  poder comprender lo que al otro le sucede. Entonces si alguien que ya vivió lo que yo viví o que sabe de lo que le hablo es muchos más sencillo  poder expresar  sin tener que recurrir al convencimiento del otro.

Porque además cuando nosotros hablamos del develamiento, que puede ser intencional, por lo general ha pasado bastante tiempo hasta que uno ha podido armarse y poder decirlo porque se siente en confianza en decirlo.


Por lo general la figura de este abusador es de una figura muy carismática muy querida por todo el mundo, porque tiende a la utilización de esta doble fachada, de ser muy bueno a los ojos de los otros e imposible de que sea un abusador y, a la vez, comete estos actos terriblemente abusivos contra niños. Entones es muy difícil que la víctima pueda decir algo y sienta que se le crea. Eso lo utiliza el abusador para sí mismo, porque lo primero que se hace es juzgar a la víctima. Además porque vivimos en una sociedad en donde tanto la víctima de abuso sexual o de violencia de género es “exagerada”, se la pone en el banquillo.

En este caso lo que tiene que hacerse creerle inmediatamente al niño y generar este espacio de confianza. Sin presiones, porque por ahí como mamá o papá ya se quiere saber dónde, cómo y por qué y ya exponerlo. Eso es re victimizar de nuevo al niño. Entonces es necesario poder obtener cierta cantidad de información y de ahí dejarle a especialista para que puedan seguir abriendo esa olla de dolor y de angustia, y poder cerrarla sanamente.


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