Juicio por explotación sexual: cómo vivieron la audiencia Marcela Castro y Jessica Aguirre

Crónica de las sensaciones que transmitieron las acusadas de explotar sexualmente a jóvenes en Salta y Chile.

09 Oct 2017
1

JESSICA AGUIRRE Y MARCELA CASTRO. Acusadas de explotar sexualmente a jóvenes en Salta y Chile.

Marcela Castro y Jessica Aguirre llegaron a los tribunales federales de Salta, pasadas las 8.30, trasladadas desde la Cárcel de Güemes. 
Ingresaron esposadas, por separado, ante la celosa custodia de las guardiacárceles. Se ubicaron en el banquillos de los acusados junto a su abogado defensor, Marcelo Arancibia. 
La audiencia inició con el relato de una especialista en asistencia a víctimas de trata que contó cómo encontró a Florencia, la joven que denunció a Castro por explotarla sexualmente en Chile y por el violento robo que sufrió en la casa de Tres Cerritos, a fines de 2014. Las acusadas intercambiaban palabras, a veces sumando a Arancibia, pero siempre por iniciativa de Marcela. 
Entonces declararon cuatro gendarmes que revelaron detalles de las escuchas telefónicas y de los allanamientos en la avenida Tavella y en Welindo Toledo. 
Castro se mostró más inquieta. Su mirada se repartía en cada persona que presenciaba la audiencia. Por momentos gesticulaba, fruncía el ceño cuando escuchaba a los gendarmes decir que habían encontrado pruebas en las que ella se contactaba con hombres a quienes les ofrecía el servicio de jóvenes por $ 800.
Aguirre y Castro compartieron un agua saborizada de manzana mientras escuchaban las acusaciones en su contra. Aprovechaban los instantes en los que se interrumpía la audiencia por la salida de un testigo y el ingreso de uno nuevo. Por momentos, Castro miraba a su hermana, sentada entre periodistas y la Policía Federal. 
A las 10.30 la audiencia pasó a cuarto intermedio hasta el próximo martes, a la espera de dos víctimas que el fiscal ofreció y comprometió a ubicar. 
El tribunal había abandonado la sala, pero Arancibia, Castro y Aguirre pasaron varios minutos más planificando la estrategia. Se especulaba que hoy las acusadas prestaran declaración, pero no lo hicieron. Entonces se retiraron como ingresaron: cada una por su lado, pero hacia el mismo destino, la cárcel de Güemes. 

Marcela Castro y Jessica Aguirre llegaron a los tribunales federales de Salta, pasadas las 8.30, trasladadas desde la Cárcel de Güemes. 

Ingresaron esposadas, por separado, ante la celosa custodia de las guardiacárceles. Se ubicaron en el banquillo de los acusados junto a su abogado defensor, Marcelo Arancibia

La audiencia inició con el relato de una especialista en asistencia a víctimas de trata que contó cómo encontró a Florencia, la joven que denunció a Castro por explotarla sexualmente en Chile y por el violento robo que sufrió en la casa de Tres Cerritos, a fines de 2014. Las acusadas intercambiaban palabras, a veces sumando a Arancibia, pero siempre por iniciativa de Marcela. 

Entonces declararon cuatro gendarmes que revelaron detalles de las escuchas telefónicas y de los allanamientos en la avenida Tavella y en Welindo Toledo. 

Castro se mostró más inquieta. Su mirada se repartía en cada persona que presenciaba la audiencia. Por momentos gesticulaba, fruncía el ceño cuando escuchaba a los gendarmes decir que habían encontrado pruebas en las que ella se contactaba con hombres a quienes les ofrecía el servicio de jóvenes por $ 800.

Aguirre y Castro compartieron un agua saborizada de manzana mientras escuchaban las acusaciones en su contra. Aprovechaban los instantes en los que se interrumpía la audiencia por la salida de un testigo y el ingreso de uno nuevo para dialogar. Por momentos, Castro miraba a su hermana, sentada entre periodistas y la Policía Federal. 

A las 10.30 la audiencia pasó a cuarto intermedio hasta el próximo martes, a la espera de dos víctimas que el fiscal ofreció y comprometió a ubicar. 

El tribunal había abandonado la sala, pero Arancibia, Castro y Aguirre pasaron varios minutos más planificando la estrategia. Se especulaba que hoy las acusadas prestaran declaración, pero no lo hicieron. Entonces se retiraron como ingresaron: cada una por su lado, pero hacia el mismo destino, la cárcel de Güemes. 

Comentarios