La vida en pantalón corto y ojotas

18 Dic 2017
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¿Frío o calor?

Ni bien me pudo ver por la webcam empezó a reír. "¿Qué hacés en mangas cortas?" me preguntó sin poder ocultar su sorpresa. Era pleno otoño y se acercaba el invierno, pero el calor en Fortaleza se mantenía firme. Del otro lado de la línea, en Zúrich, era plena primavera, con el verano llegando, y él todavía estaba abrigado. La relatividad de las estaciones del año en cada lugar del mundo era evidente frente a nuestros ojos. Los dos crecimos en Salta, donde las 4 estaciones están bien marcadas. En otoño ya se usa un poco del abrigo que a mi me faltaba, y en primavera está de más la ropa que él estaba usando.

Una de las cosas a las que hay que acostumbrarse al mudarse a una nueva ciudad es el clima. Cada región tiene sus propias características climáticas y pueden pesar a la hora de tomar una decisión sobre dónde vivir. Y es que el clima acaba influenciando la vida de las personas y su forma de relacionarse.

¿Pero qué es más fácil, adaptarse al frío o al calor? ¿Es mejor el invierno o el verano? Mi transición climática de Salta a Fortaleza fue muy tranquila, y hasta la hice con felicidad. Siempre preferí el verano, y vivir en una ciudad donde hace calor todo el año me vino muy bien. Incrédulo sobre el "verano eterno" traje algo de abrigo cuando vine a vivir aquí. En casi 5 años en Fortaleza, no hubo ni un sólo día en el que necesite abrigarme. Y para alguien como yo, que no me gusta pensar "¿qué me pongo hoy?" eso es una sensación libertadora.

No tener que asomarme a la ventana e intentar adivinar cómo va a estar el clima a lo largo del día. Salir a la mañana muy abrigado y al mediodía tener que cargar la ropa que me fui sacando. Hoy remera, pantalón corto y ojota. Mañana remera pantalón corto y ojotas. Ayer remera, pantalón corto y ojotas. A la mañana, tarde y noche, remera, pantalón corto y ojotas. Pantalón largo sólo para ir a edificios del gobierno (por algún motivo que no entiendo no te dejan entrar en pantalón corto). Cambio ojotas por alpargatas en alguna salida nocturna, pero no siempre. Y zapatillas sólo para hacer deportes.

Si me tocara irme a una ciudad fría extrañaría vivir de pantalón corto y ojotas. Me terminaría acostumbrando a los camperones, narices rojas y nubecitas de vapor saliendo de la boca. Y tal vez hasta me termine gustando. Por naturaleza tenemos la capacidad de adaptarnos, y es parte de nuestra forma de sobrevivencia. Pero adaptarse a lo nuevo no implica dejar de extrañar lo anterior.

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